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A 31 años del femicidio de María Soledad Morales

El aberrante crimen de los hijos del poder ocurrió en la madrugada del 8 de septiembre de 1990, conmocionó política y socialmente a la provincia de Catamarca, derivó en la renuncia del entonces gobernador Ramón Saadi, la intervención de la provincia y tuvo amplia repercusión a nivel nacional.

San Juan, 8 de Septiembre de 2021

María Soledad Morales, la adolescente de 17 años de edad, había sido vista con vida por última vez el 7 de septiembre de 1990 cuando fue a bailar a la elección de la reina del estudiante del Colegio del Carmen en la capital catamarqueña.

Tres días después, trabajadores de Vialidad encontraron el cuerpo de María Soledad, desfigurado y semidesnudo. La autopsia determinó que había sido violada, asesinada y que la muerte se debió a un paro cardíaco causado por una sobredosis de estupefacientes.

La movilización social sin precedentes reclamó justicia a través de las multitudinarias marchas del silencio, encabezadas por la hermana Martha Pelloni, entonces Rectora del Colegio del Carmen y San José, así como por la familia y las amigas de María Soledad.

La investigación del homicidio- por ese entonces la figura penal de feminicidio no existía en la legislación nacional- apuntó contra Pablo y Diego Jalil, sobrinos del entonces intendente local, José Jalil; Guillermo Luque, hijo de un diputado nacional, y Luis Tula, novio de la joven asesinada.

Según el expediente, cerca de las tres de la mañana del 8 de septiembre la adolescente se retiró del colegio y, engañada por su pareja, 12 años mayor que ella, fue hasta la discoteca Clivus, donde se sumaron las drogas a aquella noche de festejos.

Lo que siguió después fue un misterio debido a la complicidad y la impunidad del poder de la época.

El 27 de septiembre de 1998, ocho años después del crimen, el veredicto judicial determinó como culpables a Guillermo Luque, hijo de un diputado nacional y parte de la élite política y social catamarqueña, quien fue condenado a 21 años de cárcel por «violación seguida de muerte agravada por el uso de estupefacientes»; y Luis Tula, exnovio de María Soledad y «entregador» de la adolescente de 17 años, quien mereció 9 años como partícipe secundario pero en 2003 salió el libertad. Luque, en 2011, logró el mismo objetivo. Hoy, los dos caminan libremente por las calles de la capital norteña.

A 31 años del crimen

A 31 años del crimen que conmovió a la provincia norteña y luego a todo el país, las huellas del caso se mantiene inalterables por la perversa significación del hecho y el entramado político y judicial que le siguió. Siete jueces pasaron por una causa con más de 30 cuerpos y dos polémicos juicios, hubo más de 60 «marchas del silencio» -también una novedad que luego, lamentablemente, habría de repetirse en casos similares-, renunció el entonces gobernador Ramón Saadi (parte una dinastía familiar que gobernó la provincia durante varias décadas), la provincia fue intervenida y finalmente, el 27 de febrero de 1998, dos personas fueron condenadas por el hecho.

El primer femicidio

Hace 31 años, no existía la aplicación de la perspectiva de género para un crimen de este tipo. Pero claramente así sucedió: hubo hubo desprecio, dominación y machismo vejatorio. “El de María Soledad fue el primer caso visible de femicidio. En esa época no se hablaba con ese término. Esa noche la secuestraron y la raptaron. Fue un caso de trata también. Porque la drogaron y la violaron en manada», relató la monja Martha Pelloni, rectora del colegio al que iba la víctima. 

Fuente:

1- Radio Nacional

2- Información periodística

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