San Juan, 22 de Marzo 2021 Por Mariángeles Gaviorno y Federico Sanna El agua en el territorio sanjuanino es una preocupación permanente para todos los sectores de la población. Sin embargo, ¿cuánto conocemos acerca de nuestras fuentes hídricas, de su dinámica y de la historia y la actualidad de su manejo? ¿Somos conscientes de que, en una cuenca hídrica, las actividades humanas en las zonas aguas arriba tienen un impacto sobre lo que ocurre aguas abajo? ¿Tenemos en cuenta esta visión integradora cuando tomamos decisiones de manejo? La cuenca del río San Juan es la más importante de la provincia y origina un sistema estratégico para el desarrollo territorial aguas abajo, en donde reside la mayor parte de la población de la provincia. El régimen de este río es naturalmente muy variable durante el año y además sufre ciclos plurianuales de sequía y abundancia. Gracias a su dinámica, en los valles de Calingasta – Barreal, Ullum – Zonda y del Tulum se desarrollan potentes cuencas subterráneas portadoras de acuíferos de muy buena calidad y cantidad de agua, ambos parámetros fundamentales cuando analizamos una fuente hídrica para el aprovechamiento humano. Dada la importancia que el río y su cuenca tienen para la planificación estratégica de San Juan decidimos realizar, junto a estudiantes y docentes e investigadores/as de la UNSJ, una aproximación a las problemáticas en torno al aprovechamiento de este bien natural. Consideramos que la cuenca hídrica es la unidad territorial más adecuada para la gestión integrada de los recursos hídricos. A pesar de ello, los límites territoriales de las cuencas no coinciden con las jurisdicciones político–administrativas (países, estados, provincias, municipios o regiones), por lo cual gran parte de las decisiones que afectan al ciclo hidrosocial no consideran las interrelaciones que ocurren en la totalidad de este sistema integrado. Sumamos esfuerzos desde el derecho ambiental, la geología, la biología y la historia, en la convicción de que es necesaria una mirada desde múltiples perspectivas. También incorporamos la mirada de actores sociales involucrados en este tema: instituciones gubernamentales de regulación, institutos de investigación estatal y universidades, poblaciones locales aledañas al río. La idea fue caracterizar el patrón de ocupación antrópica presente del río, para poder detectar casos de colisión de derechos en torno a la línea de ribera del río, en la zona media de la cuenca comprendida entre el Embalse Caracoles y el puente de la ruta 40 en Albardón. Pusimos especial énfasis en dos derechos que habitualmente entran en colisión: el derecho al desarrollo y el derecho al medio ambiente sano. También analizamos los criterios utilizados en la legislación para la delimitación de la ribera del río San Juan, los debates sobre el dominio público del río y la diferencia con el dominio privado. Mediante el estudio de las resoluciones vigentes, con la consulta a personal especializado del área, trabajos previos e incluso causas judiciales, pudimos confirmar que actualmente no contamos en la provincia con el acto administrativo reglamentario de demarcación de línea de ribera. Si la línea de ribera no se encuentra demarcada, no tenemos forma de saber qué parcelas pertenecen al cauce del río (dominio público) y cuáles pueden ser meras tierras fiscales (dominio privado del Estado), o tierras de dominio privado de los particulares, adquiridas conforme a derecho. Esto dificulta la planificación territorial y la toma de decisiones en torno a las zonas ribereñas del río que, ya sabemos, son sistemas muy importantes para el funcionamiento del ciclo hidrosocial. Cuando miramos el registro dominial de catastro (es decir, del orden del dominio privado) comprobamos que existen numerosas parcelas cuyos límites sobrepasan las defensas o incluso se encuentran plenamente dentro del cauce del río (que corresponde al dominio público). Estos casos implican irregularidades desde varios puntos de vista: jurídicos sin duda, territoriales, de responsabilidad profesional y de riesgo ambiental porque afectan a la zona de mayor recarga de los acuíferos libres y por el riesgo potencial de inundación. Encontramos emprendimientos agrícolas, depósitos de residuos y zonas de extracción de áridos que se encuentran plenamente dentro del cauce del río. Sabemos que la principal fuente de recarga de nuestros acuíferos es el río San Juan y que ocurre aguas abajo del embalse de Ullum, especialmente en la zona que comienza alrededor del puente de Albardón. Allí se produce la infiltración profunda de las aguas en el lecho del río, en las zonas cultivadas y en los canales de riego no impermeabilizados, recargando al acuífero tipo libre. Por lo tanto, todas las actividades humanas que se desarrollan en esa zona pueden perjudicar la calidad del acuífero libre, que constituye nuestra reserva de agua dulce más importante, sobre todo para afrontar años de sequía histórica como la que atravesamos en este momento. En la provincia de San Juan, existe una tradición histórica que se asocia a una visión antropocéntrica, a su vez priorizando determinados grupos sociales sobre otros, lo cual es producto de un modelo determinado de desarrollo. La provincia de San Juan cuenta con 47 mil hectáreas de producción de Vid, representando el 21% sobre el total nacional, 19.500 ha. de cadena olivícola, 10 mil ha. de hortalizas, ubicándose la mayor parte de dichos cultivos en la cuenca del río San Juan (valles de Calingasta-Ullum Zonda-Tulum). Esto evidencia la necesidad de asegurar el agua para dichos fines antrópicos, mediante concesiones de agua para uso agrícola inherentes a la propiedad de las tierras, otorgadas a perpetuidad, sin posibilidad de modificación de las dotaciones. Con la construcción de los embalses, para producción hidroeléctrica y acumulación de agua para épocas de sequía, se ha prácticamente secado superficialmente el cauce del río San Juan entre el tramo que va desde el repartidor San Emiliano, hasta el puente de Albardón en la ruta 40 –el problema persiste y empeora aguas abajo, con consecuencias nefastas para la zona baja de la cuenca-. Por otro lado, la construcción de los embalses en serie aguas arriba del río San Juan propone el desafío de recalcular los modelos de inundación para estimar el potencial alcance de una crecida
EL AGUA VALE MÁS DE LO QUE CREEMOS
San Juan, 22 de Marzo de 2021 Por Pedro Luna Lic. en Ciencias Políticas, Doctorando en Ciencias Sociales, UNSJ Comunidad Warpe del territorio del Kuyum En el día de hoy, 22 de marzo, se conmemora el día internacional del agua, fecha que promueve el lema “los valores del agua”. Este día se sumó al calendario de efemérides internacionales con el objeto de promover la reflexión individual y colectiva sobre la importancia del agua como un bien natural común, no sólo para nuestras sociedades y actividades o para las generaciones futuras, sino también como un soporte fundamental de toda la dinámica vital que tiene lugar en la ecosfera. Ahora bien, ¿cómo pensar los valores del agua en un escenario marcado por una hidropolítica regional fundamentalmente instrumentalista y extractivistas? A lo largo de la historia de nuestra especie y en cualquier lugar del planeta, el agua ha constituido el elemento vital que dinamizó la integración de sociedades humanas. Así, cada cultura ha pensado y sentido al agua de forma singular, construyendo una red de símbolos, prácticas y creencias que reflejan las construcciones colectivas entorno a los dones del agua. Para los pueblos de Abya Yala en general, y el pueblo Warpe en particular, el agua es un ser vivo, con quien se habla, a quien se le expresa afecto y agradecimiento. El agua es el alma y la sangre de la madre tierra. Permite la continuidad y regularidad del ciclo de la vida -a imagen del ciclo del agua- donde todo se repite y restaura. Esta circularidad supone al agua como contraparte del trabajo co-creador de la vida, con las plantas y los animales, del proceso sanador con los seres del mundo mineral, y también un vínculo de reciprocidad en la vida activa. Ahora bien, de este otro lado de la frontera ontológica impuesta por el orden colonial, la historia hídrica de San Juan registra sus mayores impactos en épocas republicanas. Esas políticas hídricas han marcado el territorio con vergonzosas huellas: el desastre del dique los Cauquenes, cuyo embalse desmejoró las aguas y varias especies vegetales no volvieron a crecer nunca más en la Ciénaga y el valle de Huaco; la brutal desertificación de Huanacache, el gran humedal cuyano sacrificado luego de la construcción del Dique de Ullum, donde, por un lado, no se previó un caudal ecológico y, por otro lado, el avances de las cárcavas provocadas por la erosión retrocedente, hundió el lecho del río que lo alimentaba esporádicamente y vació los cuerpos lagunares para siempre. Este siglo comenzó con la contaminación industrial minera que dañó el lecho del Río Jachal y alteró toda la limnología de esa cuenca nacida en la alta cordillera. Y, más recientemente, con los nuevos embalses sobre el río San Juan, se sacrificaron los humedales del Medanito, del Médano de Oro, el Dique Bello y el Arroyo de Agua Negra que separaba los departamentos de Rawson y 9 de Julio. Las cuencas de estos últimos humedales disecados se quemaron íntegramente en unos prolongados incendios subterráneos que consumieron los milenarios cuerpos vegetales de la turba donde otrora emergía el agua. Por ello pensar el agua en este punto del territorio cuyano es un desafío. Dicho ejercicio implica transitar las memorias negadas y recorrer los espacios espectrales del agua, es decir, aquellas zonas sacrificadas por el modelo hídrico vigente en San Juan, en cuyo corazón anida la idea de que el agua es solo un recurso y nada más. Hannah Arendt, pensaba que el valor, presentado como valor de uso, invisibiliza otros aspectos fundamentales del valor, puesto que «valor es la cualidad que una cosa nunca puede tener en privado, pero que lo adquiere automáticamente, en cuanto aparece en público». Podríamos decir desde aquí que transitamos un umbral de la política pública local, pues el régimen hidropolítico vigente -construido históricamente sobre la perspectiva del valor de uso del agua- genera distorsiones del régimen hídrico, destruye ecosistemas enteros y provoca daños a las comunidades que habitan los territorios sacrificados, estos últimos son insostenibles en tiempo de crisis ambiental. Por lo tanto, imaginar una política pública orientada a restaurar el equilibrio del régimen del agua en nuestros territorios implica asumir el agua-valor ecológico, disponiendo de caudales suficientes para regenerar los espacios y ecosistemas impactados por la desertificación antrópica, asegurando la intangibilidad de las vegas alto andinas, los glaciares y zonas periglaciares y la conservación activa de los humedales que aún existen en los distintos valles del territorio de la actual provincia de San Juan. Esto también incluye el diseño de políticas orientadas a contener los efectos de eventos hídricos excepcionales asociados al cambio climático, ya sean sequías o inundaciones. Por otro lado, el agua-valor para la vida humana, implicaría asegurar el acceso universal al agua con fines alimentarios e higiénicos, bienes fundamentales para combatir las amenazas a la salud pública originadas por la pandemia actual u otras futuras. El agua-valor para la producción, demandaría el desarrollo local de un sistema pluridisciplinar de ciencias y tecnologías del agua, que investiguen opciones para la transformación del sistema productivo centrado exclusivamente en la acumulación de capital, por uno centrado en el desarrollo de las cualidades ambientales de nuestros suelos para la producción de alimentos sanos y el desarrollo e implantación de industrias de baja huella ecológica. Se asegura así, de este modo, el tránsito de un sistema de producción agroindustrial a un modelo agroecológico multiescalar de bajo consumo de agua, y la implantación de un modo de producción industrial activamente monitoreado en el manejo del agua, de otros insumos y desechos. El agua-valor institucional, supone el diseño de políticas expansivas que mejoren los órganos públicos de manejo del agua, una transición de modelos coloniales de gestión autoritaria de las elites o grandes usuarios, a modelos de gestión democratizantes, que incluyan todas las formas de relación y uso con el agua, todas las instituciones con derechos e intereses, organizadas en torno al agua como bien natural común, digna de conservación y respeto. Reformar las normas del agua y reconstruir el Departamento de
LAS FORMAS DEL HIELO
San Juan, 22 de Marzo de 2021 Ana Paula Forte Doctora en Ciencias Geológicas (Universidad Nacional de San Juan) Becaria Posdoctoral de CONICET (CIGEOBIO – CCT SAN JUAN) Profesora Adjunta (Universidad Nacional de Cuyo) Contacto: anapau.forte@gmail.com ¿Qué es una reserva de agua? ¿De qué manera el hielo se conserva y desarrolla en los diferentes componentes de la criósfera? ¿En qué situación ambiental se encuentran? ¿qué importancia tiene la criósfera para la preservación de la vida en la actualidad y en el futuro? ¿En qué medidas el aumento de temperatura ambiental y las actividades antrópogicas de alto impacto ambiental impactan sobre ellas? ¿Qué podemos hacer para proteger y preservar estas reservas de agua en estado sólido? En el Día Internacional del Agua desde la provincia de San Juan en Argentina, se intentan responder y abordar algunas de estas preguntas y reflexiones. Antes de empezar a indagar y entrar en un mar de reflexiones vale aclarar algunos conceptos. Uno de ellos es el concepto de criósfera, dicho termino hace referencia a la porción de la corteza terrestre donde predominan las bajas temperaturas y procesos de los ambientes glaciales, proglaciales y periglaciales; a su vez la criósfera forma parte de los sistemas geomorfológicos, geológicos, hidrológicos y climáticos de la tierra, siendo influenciado e influenciando al mismo tiempo estos cuatro sistemas. También es importante aclarar que los componentes de la criósfera que contienen hielo son por definición reservas de agua en estado sólido, ya que una reserva de agua se define como la cantidad o volumen de agua almacenada en un determinado sitio. En contraste, recurso hídrico hace referencia al agua disponible o potencialmente disponible en calidad y cantidad suficiente para satisfacer una demanda identificable. Esta última definición es más compleja y subjetiva, ya que por definición implica aspectos utilitaristas de los materiales. En áreas de montaña la criósfera se distribuye irregular y variablemente en el terreno. Su desarrollo se encuentra controlado por diferentes variables naturalesclimáticas (heliofanía, radiación solar, temperatura del aire y precipitación), geológicas (litología y estructuras geológicas), geomorfológicas (topografía, pendientes, orientación de laderas, entre otras). Los procesos que dan origen y que se producen en ambiente glaciar son totalmente diferentes a los que se originan en ambiente periglacial. El ambiente glacial de montaña es una la zona de la superficie terrestre que circundan y donde se desarrollan y conservan cuerpos de hielo tales como glaciares, glaciares cubiertos, morrenas con núcleos de hielo y neveros o manchones de nieve perenne. Los glaciares y los neveros suelen ser de las componentes de la criósfera que presentan mayor sensibilidad a los cambios de temperatura y/o tasas de precipitación, siendo los cuerpos de hielo pequeños (de aproximadamente 0,01 km2 ) y muy pequeños (menores a 0,01 km2 ) los más sensibles a estos cambios. Mientras que las los glaciares cubiertos y las morrenas con núcleo de hielo, como contienen una cobertura detrítica suelen encontrarse más protegidos que los cuerpo de hielo descubiertos y su afectación ante cambios ambientales es más paulatina. El ambiente periglacial es todo ambiente frío o criótico no glaciar en el que ocurren periódicamente procesos de congelamiento y descongelamiento. Aunque muestra cierto retardo de reacción a los cambios ambientales en comparación a las espontáneas respuestas de los cuerpos de hielo descubiertos, también se muestran sensibles a los cambios ambientales, por lo cual el aumento de temperatura ambiental o de actividades antrópicas de alto impacto pueden ocasionar una importante pérdida de hielo. En la cordillera de los Andes, los cíclicos de congelamiento y descongelamiento, suelen generar procesos de gelifluxión, crioclastía, crioturbación, formación de cuñas de hielo y selección de material, que generan geoformas periglaciales en micro o mesoescala; y además, se caracterizan por la presencia de permafrost y de hielo subterráneo entrampado y preservado bajo condiciones naturales por largo tiempo. Algunas de las geoformas que contienen hielo que son características de estos ambientes son los denominados glaciares de roca o de escombros, los protalus rampart, los protolobes, las superficies con solifluxión y otras geoformas menores como anillos de piedra, las cuñas de hielo, los suelos ordenados, entre otros. La interacción entre la Criósfera y los sistemas climáticos, geomorfológicos, geológicos e hidrológicos, se ha comenzado a estudiar con mayor frecuencia en las últimas décadas. En general, hay un consenso acerca de que la aceleración en las tasas de aumento de temperatura ambiental se ha visto aceleradas a ritmos sin precedentes en la historia geológica de la tierra. Esta situación que ha impactado directamente la criósfera, que si bien sus componentes no responden de manera homogénea a los cambios ambientales, en general existe una consecuente aceleración en las tasas de pérdida de hielo. El debate acerca del origen de estos procesos de aceleración siguen vigentes. A pesar de que sigue existiendo mucha resistencia a reconocer que las actividades humanas pueden impactar a escalas planetarias como lo es el sistema climático terrestre, las pruebas y las demostraciones de la profundidad de los impactos ambientales desde el desarrollo industrial y extractivista son evidentes en los sistemas atmosféricos, hidrosféricos, litosféricos, biosféricos y criosféricos. Es por ello que parte de la comunidad científica proponen que se ha comenzado un nuevo periodo de tiempo geológico llamado Antropoceno, otros proponen que se trata de una nueva época del periodo Cuaternario posterior al Holoceno. La discusión actualmente está vigente, y la comisión internacional de estratigrafía (IUGS: International Commission on Stratigraphy) reconoce su utilidad para las comunidades de investigación científica pero continua discutiendo su valor como termino temporal geológico. Lo cierto que preocupa este aumento de temperatura y sus consecuencias, principalmente porque no se están produciendo cambios significativos en las maneras de trabajar para reducir daños ambientales. Mientras los pronósticos climáticos para las próximas décadas coinciden que continuará este periodo de aumento de temperatura ambiental. Los cambios en la criósfera impactan directamente en los sistemas hidrológicos (agua superficial y subterránea). Una de las principales preocupaciones son los posibles aumentos del nivel medio del mar. Mientras que en áreas continentales un acelerado aumento de los caudales de escorrentía podrían provocar aumentos de flujos del