«Macri será excomulgado si promulga la ley de aborto» es lo que dijo un cura chaqueño sobre el mandatario presidencial. El debate sobre el aborto suma una nueva presiónmás de la Iglesia. Según el párroco Rafael Del Blanco, de la ciudad de Resistencia (Chaco), el presidente Mauricio Macri quedará «automáticamente» excomulgado si promulga la ley de aborto legal. La tensión entre el Gobierno y la Iglesia, comandada por el papa Francisco, ha ido creciendo en las últimas semanas. «Toda persona que contribuyere, o que efectuara una acción concreta para producir el aborto, tanto la persona que lo lleva adelante como los abortistas, quedan excomulgados», afirmó en diálogo con el programa de Ernesto Tenembaum por Radio Con Vos. Agregó, en referencia a los diputados que votaron a favor en la Cámara Baja, que «todos los que participaren directa o indirectamente apoyando o haciendo una acción que haga posible que el aborto se realice es de excomunión automática». Al ser consultado si eso incluye al Presidente, por haber propiciado el debate parlamentario sobre el proyecto de interrupción voluntaria del embarazo, respondió que «si la ley se promulga» Macri quedará expulsado de la Iglesia católica, porque el código se aplica «cuando el aborto realmente se produce».
POÉTICAS TRABAJADORAS
Lucy, oveja negra Se ha perdido la oveja negra. Se me ha ido para las piedras, a ese pasto que queda arriba de la montaña, cerca del sol, ¿o estará buscando otra oveja de su color? Es la misma oveja oscura que de noche no se ve bajo los rayos de la luna. Es la misma que se atora en los barrancos. Es la misma que anteayer maldijo el cura. Llega el fin de semana y me cuestiono qué me habilita a hablar de mujeres que trabajan. Por qué decir, sí está siendo evidente… pero, ¿desde dónde yo puedo decir algo de ellas? ¿Cómo dosificar una perspectiva? ¿Hasta dónde cometen injusticia mis palabras impertinentes? ¿Será verdad que necesitamos resucitar en las bocas de otras? A veces pienso en esas reescrituras que aún no se hacen de “anti”heroínas que la historia y la literatura nos han botado por la cabeza: desde Madea hasta las muchachas de Arlt, todas siervas de su propia impotencia, fragilidad o estupidez. Dependientes, desgarradas, empobrecidas, confundidas, usadas. Tramposas consigo mismas, estrechan más el alambre de su jaulita. O brillantes pero ignoradas echadas al fuego. Frecuentemente pienso en las sirenas. Multiformes y paradójicamente mudas: ¿quién sabe cómo se define a sí misma una sirena si siempre se ha huido de su voz? Aves horribles que engañaban a los astutos navegantes del mar, soberbios en sus estratagemas. Hermosos pechos y misteriosas caderas que prometían el conocimiento como triquiñuela caníbal para con los pobres hombres del mar (del comercio, de la guerra, de la violación). ¿Quién sabe si desde Homero a Kafka no fue todo un solo canto insulso y lineal, que la humedad y el vaivén de las mujeres ni tuvieron interés en compartir? Así va el experimento de hoy: Una historia puede empezar a narrarse por los personajes. Puedo decir: Lucy, maestra rural y comandanta amazona. Puedo invitar a estos párrafos a la otra madre: Ella, con senos blandos y derretidos, Ella con manos arrugadas pero jóvenes, Ella con cara de flores machacadas. Pasemos al monstruo imperdonable… no. Antes quienes no van a estar ausentes: la decena de niños y niñas que heredan y multiplican el relato, hijes de ambas. Y convoco también a unos actores de hospital: alguien que puede mentir y otros que sostienen la puesta en escena. Ahora sí hablaré de la fuerza malévola de nuestra historia: un marido con puños de triturar estrellas; un ogro que multiplica críos para comérselos de un grito; un descarte de macho. Consignar los espacios y los tiempos delimitaría biográficamente lo que quiero hoy compartirles, queridas lectoras. Así que pongamos por mapa cualquier pedacito de tierra que queda algo lejos del centro. Y pongamos de cronómetro estos días que quedan algo cerquita de nosotras. Habla Alan, hijo del ogro y de Ella: Seño, tengo hambre. Seño, mi mamá está enferma. Seño, mi mamá vive exprimida. Seño, tengo miedo. Habla Ella, mamá de Alan y de otras cuatro estrellas: Lucy, ayudemé. Lucy, no sé cómo aguantar. Lucy, va a matarme. Pero, fijensé el detalle, Ella no habla así con estas palabras que yo digo. Ella llega a buscar a sus hijos a la escuela y los mira con ojos partidos. Pero son dos faros los ojos de Lucy. Un templo de fuego que ilumina otros planetas. Esa ventana por donde se respiran otras veredas. Entonces la comandanta sabe qué cosas se escuchan en ese nicho donde Alan y sus hermanos intentan crecer: una piña, vergüenza y miedo, unas patadas, terror y broca, gruñidos, espanto y frío. Y Lucy quiso decir un cuento distinto para la mujer y sus niños. Un canto de ribera y playa y umbral. Quiso torcer las secuencias para instalar otro puente: al relato del titán machacador lo bifurca una nueva historia. Esto suele lograrse cuando un personaje se revela al mismo omnisciente y sabe y puede configurar otra matriz narrativa. Hablan un jefe de guardia, un camillero y un chofer de ambulancia: Mañana miércoles. A las ocho. Ella va a fingir una peste y los niños la van a seguir. Yo llevo frazadas. Yo llevo un termo con algo caliente. Yo hago la nota de traslado. Yo aviso si sale el marido. Yo los llevo hasta