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El vínculo entre los crímenes sexuales de ayer y de hoy está vigente, y es sostenido desde el mismo Estado. Entrevista a Florencia Pessio Vázquez

San Juan, 08-03-2021

Entrevista de la redacción

En el día Internacional de la Mujer Trabajadora, elCimbronazo.com quiere hacer un homenaje a las mujeres pensadoras que aportan a las luchas feministas desde el trabajo de la investigación. María Florencia Pessio Vázquez, reciente incorporada al equipo de redacción de este diario, es una de estas pensadoras feministas jóvenes, con un trabajo notable y una perspectiva de futuro destacable.

Recientemente egresada con el título de Licenciada en Historia por la Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de San Juan, esta joven de apenas 28 años, oriunda de Alvear, en la provincia de Mendoza, ha realizado un importante aporte al campo feminista. Su trabajo de investigación referido a la violencia sexual perpetrada contra mujeres en ex Centros Clandestinos de Detención durante la última dictadura cívico-militar en San Juan es una investigación inédita en relación al tema, y abre un camino nuevo para las mujeres trabajadoras en el ámbito académico y científico local.

En una entrevista exclusiva producida para elCimbronazo.com, Florencia nos cuenta pormenores de este trabajo y comparte reflexiones en este día importante para las mujeres de todo el mundo.

Recientemente realizaste un trabajo de investigación referido a la violencia sexual en la historia reciente de San Juan. ¿Cómo definís este trabajo?

El trabajo al que te referís corresponde a la tesis de grado para optar por el título de Lic. en Historia por la F.F.H.A. de la UNSJ. ¿Cómo defino el trabajo? Se trata de un texto histórico-antropológico, en donde busqué relatar esa historia doliente, silenciada y clandestina como es la historia de la violencia sexual durante el terrorismo de Estado. Podría decir que es un texto en donde se plasma un estudio que vengo realizando desde el año 2017, si se ve en perspectiva. En el trabajo se expone mi “re-visita” al pasado cercano dictatorial por medio de los archivos judiciales y periodísticos de San Juan. A través de ellos, sobre todo con las actas judiciales del Primer Mega Juicio por Delitos de Lesa Humanidad en San Juan (2011-2013), dialogué con las memorias de las sobrevivientes del Terrorismo de Estado en la provincia para que me cuenten, desde sus experiencias y subjetividades, cuáles fueron las violencias sexuales que vivieron y sintieron en sus cuerpos cuando eran detenidas-desaparecidas por el régimen dictatorial de 1976.

 ¿Por qué decís que la violencia sexual es un campo emergente en las investigaciones? ¿Qué coyuntura o hechos posibilitaron este trabajo tuyo en la Universidad nacional de San Juan?

La violencia sexual es un campo de estudio emergente ya que se iniciaron investigaciones de manera organizada y sistemática en torno a esta temática en los años de 1980. En varios países de América Latina, en los periodos pos-dictadura, sucedieron conflictos internos desatados entre los Estados y sectores sociales- algunos casos son Guatemala, Nicaragua. Con el correr de los años, y la caída de “los velos de la impunidad”, comenzó a conocerse sobre las desapariciones, violaciones y esclavitudes sexuales que sufrieron las mujeres y las infancias de estos territorios en resistencia y rebelión. Asimismo, se conocieron otros casos como el de Ciudad Juárez en la frontera norte de México, con los feminicidios sistemáticos de jóvenes mujeres de esa región. Esta sistematicidad de crímenes sexuales acontecidos en los países, llevó a investigadoras feministas a realizar estudios tendientes a proveer a los sistemas judiciales de herramientas para abordar correctamente estos hechos de violencia. Las primeras investigaciones, como digo, se dieron a conocer recién en la década de 1990 en los países latinoamericanos. Estos avances y la puesta en dialogo con el sistema judicial trasnacional, llevó a las tipificaciones de los crímenes sexuales como delitos de lesa humanidad y de guerra recién hacia finales de la década de 1998. Ahí comienza a darse a conocer con mayor asiduidad la existencia de tales crímenes como contra la humanidad.

Hacia finales de la década de 1980 en Argentina, con el retorno a la democracia y las investigaciones desarrolladas por sectores de la sociedad, se comenzó a conocer sobre los crímenes sexuales ya que las sobrevivientes hablaron y relataron las violaciones a las cuales estuvieron sujetas durante sus secuestros. Si bien esto, sus denuncias y testimonios caían en “saco roto” porque no estaban dadas las condiciones para ser oídas por la ignorancia imperante en el sistema judicial- algo que no ha cambiado mucho con lo que respecta a las violencias sexuales.

Recién en el año 2010, por algunas disposiciones requeridas al Sistema Judicial Federal por parte de la Procuraduría de la Nación, y por la mayor impronta que comenzaban a tener los movimientos feministas en la Argentina, comenzaron a tomarse las denuncias de violaciones sexuales y a tipificarse de acuerdo al derecho penal internacional, realizándose las primeras sentencias donde se reconocían las violencias sexuales como crímenes de lesa humanidad.

¿Qué te impulsó a realizar este trabajo en San Juan?

Lo que posibilitó este trabajo en la UNSJ fue el recorrido de años de los movimientos feministas y su instalación con mayor fuerza y legitimidad en la ciudad de San Juan; las investigaciones innovadoras en torno al Terrorismo de Estado que se vienen realizando desde el CEIAA (Cetros de Estudios e Investigaciones en Antropología y Arqueología); una renovación generacional en las instalaciones de la F.F.H.A.; y un interés y compromiso personal en aportar y contribuir a estas luchas que nos atraviesan en nuestras cuerpas y en nuestras subjetividades: los feminismos y los derechos humanos.

En tu trabajo afirmas que la violencia sexual del terrorismo de Estado tiene una relación estrecha con las violencias actuales hacia las mujeres y cuerpxs feminizados ¿Podrías contarnos un poco sobre ese vínculo?

Si, así es. El argumento sobre el que me baso surge del diálogo de varias/os autoras y autores que vienen trabajando sobre, lo que podemos llamar, “el poder hegemónico” que conduce las formas de mundo conocido tanto desde lo económico, lo social, lo vincular y, claramente, lo político. Este poder- que ha dado forma a lo conocido, a la norma, a “lo normal”– se basa en el patriarcado (y la heterosexualidad), la colonialidad y la modernidad. Estos tres órdenes se entrelazan y se manifiestan en violencias cuando se sale de “la norma”. De los tres, el patriarcado encuentra manifestación por medio de la violencia sexual, la cual corresponde a un mandato de este orden. El patriarcado, como la colonialidad, son regímenes y ordenes de poder de años, siglos, incluso milenios de existencia. Sus modos de manifestación y sus objetivos son los mismos con el paso de los años.

Con respecto a la violencia sexual ejecutada sobre las presas políticas de la última dictadura cívico-militar, fueron los mismos agentes estatales y para- estatales los violadores y abusadores de las presas. Estos agentes de las fuerzas “de seguridad”- Ejercito, Marina, Aérea, Gendarmería, Policía Federal y Provincial, agentes de la SIDE- fueron formados bajo los preceptos de las doctrinas antisubversivas de la segunda mitad del siglo XX (1950-2000), y su accionar encuentra relación directa con la de las fuerzas intervinientes en conflictos internos de otros países latinoamericanos, en donde destacan las violaciones a las mujeres. A esto le sumamos que con su accionar queda expuesto el ADN patriarcal del Estado Moderno de las naciones latinoamericanas. El Estado es patriarcal, vela por este orden de poder que es androcéntrico, misógino y odiante de toda identidad sexual no hetero-normada. Y en este velar, “castiga” a quienes se rebelan al mandato de la sexualidad hegemónica. Este castigo lo materializa con los crímenes sexuales, desoyendo e inactuando ante las denuncias de violencia, o dejando impune a femicidas, violadores, abusadores. La mano va por ahí. Por ejemplo, en los Juicios por Delitos de Lesa Humanidad cometidos durante la última dictadura y realizados en la Argentina, hasta el día de la fecha no se suman ni 20 sentencias en donde se reconozca y tipifique la violación y abusos sexuales como un delito de lesa humanidad independiente en la condena a los genocidas. Lo mismo sucede con la Justicia en la actualidad, y la inoperancia ante las denuncias de violencia sexual. Así se dan a conocer casos en donde mujeres asesinadas habían denunciado al femicida hasta 14 veces, sin tener respuesta alguna. Otro detalle que se develó en el último mes, es el hecho de que muchos de los femicidios ocurridos desde inicio del año son perpetrados por los mismos agentes policiales. Recientemente, el observatorio feminista Mulalá realizó un registro de los feminicidios y travesticidios perpetrados en lo que va del año 2021, dando como cifra que más del 17% de estos hechos fueron ejecutados por agentes de las Fuerzas Policiales y Armadas del país.

Así pues, el vínculo entre los crímenes sexuales de ayer y hoy está vigente, y es sostenido desde el mismo Estado.

¿Qué le aporta este trabajo de investigación a las mujeres violentadas por el terrorismo de Estado y también a las jóvenes mujeres investigadoras y activistas que se proponen el desafió de pensar en clave feminista, o como vos decís «visitar el pasado en clave feminista»?

Creo que las sobrevivientes del terrorismo de Estado pueden aportar mucho más a nosotras, que nosotras a ellas. Sus experiencias y sus resistencias, como presas políticas y como sobrevivientes del terror estatal, es muy valioso, es motor de lucha. Lo que realice en el trabajo fue una interpretación personal de lo que ellas vivenciaron. Si bien escuché atenta, política y éticamente sus testimonios judiciales, esto es sólo algo muy superficial. Aún tengo la deuda de juntarme a conversar con algunas sobrevivientes y retribuirles el texto, así me dan sus devoluciones, si es que quieren. Son temas muy sensibles.

Con respecto a les jóvenes activistas e investigadorxs, creo que hay que mantener una relación fluida entre el ámbito académico y el activismo político. La academia sin la militancia y las experiencias políticas de ocupar los espacios públicos entra en letargo y se enrolla en discusiones filosóficas sin bajar a la realidad social. Este trabajo es un compromiso político y ético, se posiciona desde los feminismos anti-hegemónicos que se forjan por fuera de las paredes de las instituciones universitarias. Creo que por ahí va el aporte mayor, desobedecer las estructuras del pensamiento «cientificista» y arriesgarse a nuevas maneras de pensar y generar conocimientos.

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