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POÉTICAS TRABAJADORAS

 

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Por: Beatriz Zuru

 

Coreografías de la jaula

                                                                                    Señor 
                                                                                    La jaula se ha vuelto pájaro 
                                                                                    Qué haré con el miedo

                                                                                    (Alejandra Pizarnik)

 

  Hace muchos años estuve enamorada de un pibe muy hermoso y muy desconsiderado. ¡Gracias a la vida era más esto último que lindo! De tal suerte que le hice un par de poemas. A veces, cuando son horas de doler la adolescencia, regreso a esos tejidos heridos y les quito palabras. Pero hay una metáfora que no agoniza: la de la jaula. Con sus alambres, su puertita herrumbrada, el columpio para reclusas, un recipiente pegoteado para el agua y cáscaras de comida. Tengo los alambres retorcidísimos y para adentro, dice el poema. Es triste cada vez más. Y no es un buen tejido: se deshace y se vuelve madeja.

Pero el hueso de esta columna de hoy es que, justo hoy, pensaba en la cantidad de mujeres que crecieron y atesoraron las cajitas musicales con bailarina adentro. Y de ahí me puse a caer en la cuenta de que mis tías (incluyo ahí a mi vieja y a mi abuela) todas tenían su jaulita con su jilguerito… Quien conozca a mi mamá preguntelé qué recuerdos tiene de su abuela. Les apuesto 30 pesos (o un dólar) a que esas memorias incluyen: una jaula, una criatura indefensa que anatomofisiológicamente podía emitir un trino (y la Virgen María, pero eso no viene al caso, creo).  

En estos días ha emergido la obra de Margaret Atwood, El cuento de la criada, y su homónima serie (RECOMENDADAS). La autora envió un mensaje por twitter a Michetti, ésta fue comparada con la Tía Lydia, se han hecho manifestaciones con el atuendo de las mudas sirvientas, y personalmente, yo no sé en qué momento el mundo se vuelve una teocracia total. Me siento encerrada por el miedo (niñitas y niñitos marchando con el pañuelo celeste). Me veo enclaustrada por la hipótesis de lo peor (que me bloqueen la cuenta sueldo y me violen para obligarme a parir). Pero, ¿Usted cree, amiga lectora, que solo es una idea en potencia? Suele pasar con las distopías: no hay posibilidad futura, hay espejo enfrente de una misma. Sí, Beatriz Zuru es June, abrazada a su cajita musical con bailarina adentro. Juno es Beatriz Zuru, desenterrándose y tratando de enderezar los alambres de una jaula vieja.

¡¿Quién tuvo la idea de comprar la cárcel, de esposar las alas y colgar al canto?!

Querida lectora, estáte atenta. Leé, por favor, los casos evidentes de prisiones que hay por todas partes, aplastándonos, asfixiándonos, haciéndonos costra cada día:

  1. M. A., profe de educación física en una campaña de salud dental en la escuela. Treinta y cinco minutos retando, hasta el llanto a una niña. Ella quería el cepillo de dientes azul pero el rosado era para ella, o sea que estaba deseando mal y él debía explicarle su error. M. A. está enamorado del profe de matemática y naturales, ¿alguna vez será feliz?
  2. G. S., instructora de danzas tropicales y zumba. Tiene la firme convicción de que hay que hablarle al cuerpo al entrar en calor, mientras hacés los pasitos y cuando elongás. Algunas de sus frases favoritas: “llego diosa al verano o me corto la cabeza”, “muerte eterna al cuerpo de ballena”, “salite de ahí, maldito rollito”, “peso menos, más me muevo”. Compró una balanza para sus alumnas. ¿Les miento? No.
  3. C. R., modista, costurera y dietóloga. Especialista en vestidos de quince, novias y madrinas. Sonsaca información de la fiesta, y a la vez toma las medidas. Mientras diseña, baja línea. Todas sus clientas pasan por la horrible experiencia de la gastroenteritis (o el estreñimiento) en la fiesta de sus sueños. ¿Ya vieron por dónde va esto, no?
  4. Don B., pastor local. Ejemplo para su comunidad, buen esposo, excelente padre. El finde pasado golpeó a su hija en la puerta del boliche, ¿pecado? Besarse con un pibe no evangélico y parecerse a la pecadora perdida de su madre. Le rompieron entre cachetazos el celu. No sé cómo le estará yendo ahora…

Esto es binómico, sí. Maldad-víctimas y así… Pero además, querida Lectora, te voy a convidar otro poema, porque no siempre las mazmorras caen desde afuera y arriba, capaz tengamos que estar bien despiertas para advertir que Para el alma no hay encierro/ni prisiones que la impidan, /porque solo la aprisionan/ las que se forma ella misma. Una vez, una tía, muy violenta y domesticada ella, pero maestra al fin, me dijo que había que tener cuidado con el dictador interno. Gracias Euge por esa clave.   

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