Lo aseguró el Fiscal de Estado, Jorge Alvo, quien hará una presentación ante la Corte de Justicia por las medidas solicitadas por un juez de Buenos Aires. El fiscal de Estado Jorge Alvo adelantó que realizará una presentación ante la Corte Suprema de la Nación, denunciando un “nuevo atropello” del juez federal, Sebastián Casanello, quien solicitó una serie de medidas por el incidente ocurrido en la mina Veladero el 13 de septiembre de 2015. Días atrás, el magistrado federal solicitó al rector de la Universidad Nacional de Cuyo que, “de manera urgente”, realice un “amplio estudio relativo a la calidad de las aguas que se consumen en localidades de Jáchal e Iglesia”. También dispuso que se lleven a cabo tomas de muestras de suelo en las desembocaduras de los ríos Blanco, Potrerillo, La Palca, Las Taguas y Jáchal; y efectúe un estudio sobre las población de distintas localidades de ambos departamentos sanjuaninos, para ello “deberán extraer muestras de sangre y orina de los presuntos afectados que estén dispuestos a a realizar los exámenes”. Ante las medidas adoptadas por Casanello, Alvo señaló que “estamos analizando la situación para realizar una presentación, en días más, ante la Suprema Corte de Justicia denunciando un nuevo atropello del doctor Casanello con motivo del incidente de Veladero, ya que no solamente se excede en su jurisdicción federal sino que avasalla la propia competencia provincial como la del juez de Jáchal, que es competente en materia de contaminación y del incidente de Veladero”. “En ese sentido, Casanello no solo avasalla la competencia provincial sino que avasalla las potestades públicas, administrativas y judiciales en el ámbito de la provincia”, resaltó el titular de la Fiscalía de Estado de San Juan. Alvo afirmó que Casanello “desobedeció el mandato judicial, ya que la Corte se expidió sobre el tema, escindiendo la competencia, otorgándole al juez Casanello la competencia para juzgar las responsabilidades de los funcionarios nacionales, en este caso de los exsecretarios de Ambiente y Minería, Sergio Lorusso y Jorge Mayoral, respectivamente, mientras que la responsabilidad de los funcionarios provinciales y de la empresa minera son competencia del juez de Jáchal”.
Nueva fórmula: este mes, la jubilación mínima subirá tan sólo $100
El incremento impactará sobre un millón de prestaciones pero no alcanzará a quienes se jubilaron por moratoria. La actualización se debe a la suba del salario mínimo, que afectó el 82 por ciento móvil. Según el cronograma de la nueva ley de movilidad, los jubilados recibirán un aumento de tan sólo 100 pesos en sus haberes, a menos que hayan ingresado por moratoria. En ese caso, no percibirán una suba. La actualización se debe a que el salario mínimo vital y móvil pasará de 9500 a 10.000 pesos y los jubilados que hayan cumplido con sus años de aportes no pueden percibir menos del 82 por ciento móvil. En la actualidad, la jubilación mínima bruta es de $8096, y el aumento la llevará a 8200 pesos, tan sólo 100 pesos. El mes pasado, se habían unificado los haberes de quienes perciben el 82 por ciento móvil y de quienes ingersaron por moratoria, pero a partir de este incremento, volverán a separarse. Este magro aumento impactará en 1.112.987 prestaciones, de las cuales 487.484 son jubilaciones y 625.503 son pensiones, según datos de la Anses. Habrá un nuevo incremento en septiembre, de un 6,7 por ciento, por lo que la hubilación mínima debería llegar a los $8638, aunque no fue formalizado el aumento.
POÉTICAS TRABAJADORAS
Por: Beatríz Zuru – Columnista CHANGARINA A Guevara, la perra revolucionaria, ella se merecía todo. A mi cielo de Van Gogh, en nuestro decenio: sos mi pan “Panchita no, qué boluda, cualquiera soy”. No se explicaba muy bien por qué “Panchita” estaba mal. Pero Érika se detuvo un momento con las manos mojadas en la mesada y el surtidor vomitando con furia. Se dio cuenta y se enojó. Era porque le hacía acordar al papa. Una profesora de la escuela les decía que había que rezar mucho por este santo nuevo en el cielo y en la tierra. Pero como dejó la escuela y la política le importa una nada, Erika limpió ese recuerdo y siguió llenando la olla. A veces trataba de fregar recuerdos para hacerlos desaparecer. Alguien se lo había enseñado: agua caliente y jabón sacan cualquier manchón. Pero había un pedazo de memoria que siempre la agarraba del pelo: “Tragateló nenita, dale, tragateló”. Cuando empezó a ir a esa casa, Érika no sabía por qué debía ocultar las mugres del viejo si de todos modos siempre le limpiaba la pieza. Hoy tocaba el baño. Eso era lo peor. Porque la enfermera de la noche lo dejaba cagado y parece que al limpiarlo se le paraba. “Panchita… Solo a mí se me ocurre, qué tipa huevona”. Y prendió la hornalla. “Panchi, Panchita, vení”. Había aprendido, por sus hermanos, que con los cachorritos hay una receta perfecta: baño, comida, cama. Pero hay días que los cachorros chillan y una no tiene cómo hacer. Pero Érika siempre encontraba cómo saber hacer. “Sos fiera, Pancha.” Mientras el agua se reía en burbujitas, Érika le secaba unas pelusas sarnosas a la perra y le daba un plato de leche. Fuego, metal y agua, todas las guerras ocurren ahí y Érika estuvo muy feliz cuando la olla gigante empezó a zapatear con el hervor. Aún dudaba del nombre pero fue el único con el que la choca pegó la vuelta. “¡Te la van a pisar los coches! ¿Tu patrón te deja meter un perro en su casa?” Unas calzas plateadas le gritaban en la vereda. La vecina sí tenía el derecho de pasear con su choco de lana clarita. “Niña, apuresé. ¡Andrea!”. Abajo de la mesa, Panchita roncaba con la panza hinchada. Arriba, en una de las habitaciones del piso de arriba, cerca de uno de los baños del piso de arriba, el viejo gritaba como siempre. “Vení, nena, dale”. Érika había sacado la cuenta de cuántos litros eran y lamentaba que al hervir se fueran algunas gotas. “Andrea apurate, mierda”. No, no, soy Érika, don. ¿Cuántos platos de comida salen en este pedazo de olla? No sé qué decís. Dale apurate. Le pregunto que cuántas cosas ricas se han cocinado en este olla gigante. No entiendo, nena, dale sacame esta mierda y vamos a la bañera. Hoy te toca el baño. Eso es lo mejor. Sí, el baño es lo mejor, es lo mejor. Érika solo lamentó que los gritos del viejo despertaran a la Panchita.