COLUMNAS

Semana de la Diversidad: orgullo para armar, montar o adherir

En el marco de la Semana de la Diversidad (organizada por primera vez por una comisión de organizaciones) se han dado dos eventos importantes, en paso de noticias y post, la bandera del orgullo colgada en la puerta principal del Centro Cívico, centro operacional del Gobierno Provincial y la iluminación con los colores de la diversidad en la Legislatura Provincial.

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La Semana de la Diversidad comprende una serie de actividades que están abiertas a todo público, desde charlas con temáticas especificas hasta proyecciones y muestras fotográficas. Si une hace un seguimiento del movimiento público en redes de lo que se ha compartido o se ha visibilizado en me gustas o reacciones, encontramos obviamente a la bandera y a las luces del orgullo en los edificios centrales del Estado Provincial. Sería costoso (en cantidad de palabras) y gomoso, escribir en esta ocasión de historias o iconografías, pero sí es urgente entender por qué deberíamos al menos preguntarnos por el Estado y su vínculo con la población LGBTIQ.

Desde las leyes de Matrimonio Igualitario e Identidad de Género en San Juan no han parado de disminuir las políticas públicas para con la población sexodiversa:
Educación Sexual Integral sancionada en 2006 y su no aplicación hasta la actualidad. Códigos contravencionales que persiguen, estigmatizan y judicializan a la mayor parte de la población de trabajadorxs sexuales, trans y corporalidades disidentes. Estas dos problemáticas incluso vienen desde antes del 2010. El desmantelamiento de los Consultorios de Diversidad por parte de Nación y Provincia en los núcleos de salud de la gran ciudad. La falta de proyectos y programas que garanticen menos exclusión y menos discriminación en nuestros ámbitos laborales, educativos y de salud sólo han profundizado nuestra distancia entre nuestra casa (en la mayoría sin vivienda digna) y el estado. El odio transfobico, homofóbico y lesbofóbico con la cual une se ha encontrado siempre en alguna ocasión en una oficina pública como adicional a la burocracia imperante ante nuestros reclamos. La falta de cumplimiento en la Salud Integral que debe ser garantizada y aplicada por ley para con la Población Trans profundiza el resquemor entre estado y ciudadanía digna. La burocratización monstruosa que crea distancia entre nuestras voces y los despachos de los ministros. La comunidad heterosexual que siempre es amable y amigable por protocolo palmeándote el hombro diciéndote –ya se va a solucionar-. La falta de programas de prevención y educación en VIH/sida para con la población total de San Juan, han hecho que sólo nos enteremos una vez al año del testeo masivo en el Centro Cívico.

Trazando estas líneas generales es quizás difícil y costoso imaginar con mayor detalle la historia “no feliz” que ha vivido la población lgbtiq en este San Juan conservador. El estado es responsable, el estado y sus gobiernos, como gritan en las movilizaciones feministas, no debiera ser una frase que nos suene tan al paso.

¿Entonces qué nos significa la bandera del orgullo en un edificio público? Sobre todo a días de que el Gobierno Nacional haya lanzado un protocolo de seguridad para personas trans en situación de detención garantizando su trato digno. Pensaba que el trato digno hacia un presx debiera estar independientemente de su “condición sexual o género”, es un aspecto básico de cualquier tratado de DERECHOS HUMANOS.

¿Qué significa, una victoria, significa que hemos podido con la mayoría de las cosas que nos propusimos en nuestras organizaciones civiles?

¿Significa que nuestra militancia ha dado fruto a una postal o visual cosmopolita como en la mayoría del mundo, que hemos dejado de ser pueblo y somos ciudad por los colores de la diversidad en la Legislatura en modo led?

¿Significa que ahora el Estado Provincial es pro-derechos humanos para con las poblaciones sexodiversas y que respectivamente cumplirá con todo lo que nos debe?

¿Significa que después de esto, viviremos al fin la fiesta del orgullo liberal y nos podremos sentar en las butacas de la Fiesta del Sol Gay a aplaudir a la chica trans más bella de la ciudad?

¿Significa que podremos llevar a cabo nuestras marchas en paz y que serán una fiesta, donde hasta las familias puedan ir seguras de no ver cosas raras?

En esa bandera faltan las travas muertas, asesinadas a lo largo y ancho del país, faltan las lesbianas asesinadas, faltan las violadas y golpeadas, faltan casi todas las cuerpas que el estado no escuchó, no vio, ni visibilizó. Pero si acaso adosáramos todos estos nombres y cuerpas a la bandera de nuestrx orgullo, la cara frontal del Centro Cívico se partiría de tan dura. Entonces, ¿es un simple aggiornamento público en la Semana de la Diversidad? hacia lo que será una nueva edición de La Marcha del Orgullo 2017.

Deberíamos preguntarnos: ¿Por qué la Legislatura Provincial iluminada de orgullo ha negado tantos proyectos y reclamos por parte de la población TRANS y/o LGBT? Donde las familias heteronormadas pro familias heteronormadas decían NO a la aberración del Matrimonio Igualitario. Donde la mayoría de nuestros legisladores votaron en contra, porque San Juan resguarda las buenas costumbres.
¿Por qué no nos dejan entrar a la Legislatura y nos abren las puertas de sus agendas de trabajo, con nosotres ahí, en sus despachos? ¿Por qué no actualizan las leyes de antidiscriminación y VIH/sida? ¿Por qué no revisan los códigos contravencionales y su figura de escándalo público que queda a la libre interpretación del agente de turno?

Resulta necesario hacer un ejercicio de visión y cuestionamiento respecto a los COLORES DEL ORGULLO en el Centro Cívico y la Legislatura Provincial, que no nos cieguen y nublen. Recordemos lo que pasó, estemos atentxs a lo que pasa, sabiendo que lo que se viene nos encontrará en lucha y resistencia.

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