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Cataluña, el derecho a decidir

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 El 11 de septiembre bien podría ser la fecha con más significaciones políticas del calendario. Muchas de ellas resultan familiares para cualquier habitante de estas pampas: en Argentina se usa para celebrar el Día del Maestro como homenaje a Domingo Faustino Sarmiento, curiosamente conmemorando el momento de su muerte y no el de su nacimiento. En Chile la fecha marca el inicio del golpe de estado que en 1973 Augusto Pinochet realizó contra el gobierno democrático de Salvador Allende, episodio fundacional del ciclo de dictaduras militares auspiciadas por el Plan Cóndor en América Latina. Más recientemente, un 11 de septiembre sucedió el atentado de las Torres Gemelas en Nueva York. Pero al otro lado del Atlántico, en la tierra de Antoni Gaudí y Joan Miró, la fecha posee un significado particular e ineludible.

Hacia 1714 Europa se encontraba diezmada luego de once años de guerra ininterrumpida. La sucesión del trono español tras la muerte del infértil Carlos II había desatado un conflicto de proporciones continentales. Los catalanes -quienes por entonces formaban un Principado con leyes e instituciones propias- dieron su apoyo al Archiduque Carlos de Austria, quien esperaba retener la corona española para la Casa de Habsburgo. Pero los once años de guerra terminaron por inclinar la balanza del lado de Felipe V, el pretendiente al trono de la Casa de Borbón, y los catalanes pagaron caro haberse encontrado en el bando de los perdedores. Tras más de un año de asedio, Barcelona cayó el 11 de septiembre de 1714 y junto con ella las instituciones que habían permitido a los catalanes construir un cierto margen de autonomía política para su región.

Inicialmente, la fecha se conmemoraba con una misa fúnebre, pero al menos desde 1886 cobró un carácter eminentemente político y catalanista. Es el momento del año donde los símbolos catalanes cobran mayor despliegue: las calles de Barcelona se llenan de banderas esteladas y se realizan enormes actos públicos donde se puede escuchar Els Segadors, el himno nacional catalán. Naturalmente, la fecha es el acontecimiento principal del año para todos los catalanes que apoyan la causa de la independencia. Esto es así, a tal punto que uno de los primeros actos de gobierno de Francisco Franco una vez inaugurada su dictadura fue prohibir por completo la conmemoración pública de la fecha.

Este año la celebración de la Diada genera una expectativa particular. En apenas tres semanas, el 1 de octubre, los catalanes votarán para definir si desean seguir siendo parte de España o formar su propio Estado independiente. Por estos momentos ningún asunto desvela más a la dirigencia política española.

La Generalitat de Cataluña, el gobierno autonómico que rige aquella región, aprobó recientemente la ley para convocar de manera oficial el referéndum. También fue sancionada una constitución provisional que entrará en vigencia en caso de que los catalanes decidan independizarse: si el referéndum resulta afirmativo, aunque sea por un voto, el gobierno catalán declarará la independencia inmediatamente.

La reacción de Madrid no se hizo esperar. Apenas horas después de sancionada la ley de referéndum, el Partido Popular denunció ante la Justicia a Carles Puigdemont y Carme Forcadell, respectivos presidente de la Generalitat y presidenta del Parlamento. En estos momentos el Tribunal Supremo español analiza la legalidad del referéndum. La siguiente jugada probablemente consista en declararlo ilegal, lo cual podría llevar a niveles de tensión inauditos en un país de Europa Occidental.

El movimiento independentista existe en Cataluña literalmente desde hace cientos de años. Sin embargo, el reclamo tomó especial vigor a partir del 2012. Ese año la manifestación del 11 de septiembre convocó a un millón y medio de personas. Convertir a Cataluña en un estado independiente se volvió el asunto central de la agenda política catalana.

Existen múltiples y cuantiosos argumentos a favor de la independencia, sobre todo centrados en torno a que el pueblo catalán sólo podrá alcanzar la plena soberanía cultural, económica y política si logra constituirse como Estado diferenciado de España. Pero en ese sentido, cabe remarcar que el mayor acicate a las ideas independentistas llegó con la crisis económica europea de 2008. Sólo Grecia sufrió más las consecuencias de la crisis que España. Y en el pantano de las instituciones financieras españolas, los catalanes y su economía mostraron una robustez notable. Motivo primordial para buscar la independencia: España atrasa y perjudica a Cataluña.

La reacción del gobierno español, tanto en la coyuntura actual como durante los últimos años del proceso, ha sido torpe y prepotente. Sus jugadas pueden resumirse como un conjunto de presiones: amenazar con encarcelar a las autoridades políticas catalanas, amenazar con sancionar a los medios que promocionen la consulta y, en última instancia, impedir que el referéndum se lleve a cabo. De ser necesario, a través de la fuerza pública. No parecen ser las medidas de diálogo que tomaría un Estado democrático. Podría decirse que se trata de una reacción exactamente opuesta a la forma en que Gran Bretaña trató la cuestión escocesa en 2014. En aquel caso, los británicos no buscaron impedir que el referéndum escocés se llevara a cabo, sino que se involucraron activamente haciendo campaña a favor del “no” a la independencia. Tuvieron éxito.

Resta ver qué sucede el 1 de octubre. Si los catalanes consiguen avanzar en el proceso de independencia bien podríamos estar frente al comienzo de la balcanización de España, país donde también vascos, gallegos, asturianos y valencianos tienen pretensiones históricas de soberanía.

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