Varias de las notas de opinión principales en Clarín y La Nación reflejan en estos días
incertidumbre respecto de las elecciones de 2027, con un enfoque que se refiere al
proyecto reeleccionista de Javier Milei pero sobre todo a la continuidad del modelo
económico, que ambos diarios defienden con énfasis al poner siempre en primer plano
índices “positivos” de la “macro”.
Los análsis de varios autores pretenden presentar dos planos separados entre sí: la
llamada estabilidad, el supuesto superávit fiscal, cierta estabilidad cambiaria, el riesgo
país –a tapa cuando baja, no cuando sube- por una parte, y como si fuera de otro país
o de otro modelo aparecen menos el padecimiento de la mayoría de la población,
ingresos y consumos que retroceden y endeudamiento de las familias.
Kirschbaum y Fioriti en Clarín, Rodríguez Yebra en La Nación, se centraron el
domingo en las dudas sobre la reelección de Milei. El editor general de Clarín
encabezó su nota con el título “Milei teme un balotaje” y, en lo que podría tomarse
como una crítica velada a su propio diario, dice que las encuestas “reales”, las que
preocupan al oficialismo, “no se hacen públicas”.
Lo curioso del caso es que Clarín publica encuestas casi todos los días y, hace menos
de dos semanas, proyectó el triunfo oficialista en 2027, con una temeraria acción
política y periodística que fue título principal del diario.
Infobae acompañó el tono de duda sobre las proyecciones pro oficialistas con el título
de cabecera del domingo 26 por la mañana: «’Un desafío grande’: el dato que mira el
gobierno para las elecciones y que podría capitalizar el peronismo”.
Varias publicaciones de estos días ratifican que, por encima de diferencias y las
críticas a los exabruptos habituales del presidente, los ejes del modelo ultraliberal
gozan de buen acompañamiento por parte de estos medios.
Un editorial de La Nación el sábado 25 se tituló “Desregulaciones, la batalla
impostergable”. En esas líneas, el ministro exterminador, Sturzenegger, fue calificado
de “valiente”, en una elegía de la que no pueden jactarse otros funcionarios.
LAS ELECCIONES SON MOLESTAS
En el mismo diario, el viernes 24, la articulista Donovan habló de empresarios que
observan el “benigno contexto actual”. Luego ubica al proceso electoral en ciernes
como una amenaza para esa presunta bonanza. Agrega que el gobierno “todavía” no
reúne los votos para anular las PASO, «un paso necesario no solo para evitar darle
herramientas a la oposición para poder unificarse en un solo frente, sino también para
despejar posibles fuentes de turbulencia financiera”.
La autora se ubica así como ladera tal vez impensada del extremista Peter Thiel, el
empresario multimillonario amigo de Milei, con perspectivas de negocios que se
resuelven en absoluta obscuridad, e impulsor de una teoría según la cual el
capitalismo puede desarrollarse tranquilamente sin las incomodidades que plantea el
sistema democrático, aunque esté disminuido, como en Argentina.
Sin alevosías tan siniestras, Kirschbaum expresa una adhesión indirecta al modelo
mileista cuando dice que el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, aún no demostró
que “está dispuesto a correrse más al centro”, lo que teóricamente lo ayudaría a ganar
más apoyos de los que tiene.
Hace rato que Clarín y La Nación le reclaman a Kicillof un giro a la derecha, y es por
eso que publican con generosidad las críticas y expresiones hostiles que el
gobernador recibe de Máximo Kirchner y sus seguidores de La Cámpora.
Sin deslizar adhesiones o rechazos, Rodríguez Yebra coincidió en que el oficialismo
afronta un panorama complicado, porque lo que llama “el orden macroeconómico” no
se refleja en la vida diaria de la población. Y si no soluciona eso, advierte, sus
perspectivas no mejorarán.
RACISMO: SIMPLIFICACIONES, CUANDO NO MÁS ODIO
El clima que siguió a la final del Mundial y las acusaciones berretas y reduccionistas
sobre un problema muy complejo en la Argentina y prácticamente en todo el mundo,
como es el racismo, no tuvieron en estos medios coberturas e interpretaciones con un
piso mínimo de seriedad, salvo alguna excepción aislada.
No faltaron, en cambio, grotescos políticos y, en aras de rechazar el racismo, más
expresiones de odio.
Entre los primeros se anotó Morales Solá el domingo 25: los argentinos, postuló, son
buena gente, pero los políticos son malos y, ¡qué sorpresa!, allí caen los Kirchner.
Menem y Cavallo, De la Rúa y Cavallo, Macri, intentaron ser respetuosos con los
inversores extranjeros, pero los Kirchner llegaron para “la destrucción”.
Entre los segundos, el Wiñazki de los sábados en Clarín: escupió palabras de odio
hacia el actor español Javier Bardem, quien ratificó su respeto por Argentina después
de una manipulación de declaraciones suyas tras el Mundial. El “pensador” le reprocha
en realidad sus críticas al genocidio en Gaza, en lo que llamó “cinismo Hollywood”.
El miércoles 22, Van der Kooy recuerda que el intento de aprovechamiento político del
éxito futbolístico tuvo una piedra inaugurual con… ¿Adivinará el lector? ¡Sí, con Ella!,
CristinaCristinaCristina. Fue, dice, en un encuentro con Messi durante el cual los
juradores “intuyeron la manipulación”. Y en un alarde de talante antipolítico que podría
sonrojar a los pseudo rupturistas como Milei, escribió que la población apoya a la
selección porque los jugadores no expresan ninguna “identificación”.
