La adhesión de medios poderosos de Buenos Aires a los ejes centrales del modelo
mileista, evidente en el apoyo enfático a la reforma laboral, la política monetaria y
cambiaria, las ventajas para corporaciones extranjeras y el achicamiento feroz del
Estado, entre otros aspectos, convive con el inocultable padecimiento socioeconómico
y las denuncias de corrupción, en un vaivén de títulos y comentarios que evidencia
incertidumbre, proyectada a las elecciones presidenciales del año próximo.
Un día priman enunciados y opiniones favorables al oficialismo y al siguiente los
contrarios, con el trasfondo de un diagnóstico editorial coincidente entre Clarín y La
Nación, cual es que el gobierno está paralizado y no tiene respuesta a las acusaciones
de corrupción, aunque sigue beneficiado por lo que se describe como una oposición
impotente e incapaz de ofrecerse como salida.
En el primer grupo se puede inscribir, por ejemplo, la nota de Schmidt en Clarín el
lunes 20 que reconoce que hay un Estado ausente, por la situación en el transporte, la
crisis del PAMI y la de las universidades, pero luego advirtió que eso no significa que
haya que cambiar a un modelo “populista K”.
Al día siguiente, Abascal denostó en el mismo diario el fallo de la Corte bonaerense
que definió a los repartidores como trabajadores en relación de dependencia. La
decisión “huele a pasado”, pone a las empresas “en peligro”, va contra la “reforma
laboral” y, tal vez lo peor para el autor y sus patrones, es del gusto de Kicillof.
“Carne for export: crece 53 % por el acuerdo con EEUU”, tituló Clarín en tapa el
martes. Y El jueves La Nación la emprendió contra las universidades. Reconoció que
hay un problema “grave” de financiamiento, pero agregó que eso oculta otros. La nota
repudió que la Universidad de La Plata haya elegido rector por unanimidad, y
concluyó: “El debate sobre la cuestión presupuestaria nunca incluye un capítulo sobre
el aporte que podría hacer la universidad a su propio financiamiento”.
Clarín destacó con letras de molde la decisión de revertir la suspensión de la “reforma
laboral” que había resuelto un “juez K”, es decir el mismísimo demonio. Y el domingo
26, en el segundo título del día, aplica la lógica mileista contra provincias con déficit
por gobiernos que “se resisten a cortar y esperan ayuda de la Nación”.
Pero a la vez hubo esta semana contrastes notables. Infobae, que parece estar en una
etapa de distanciamiento del gobierno, tituló a primera hora de la mañana del
miércoles: “Casi 6 de cada 10 niños son pobres en la Argentina y el 30 % no come
regularmente, según la UCA”.
El sábado 24, La Nación enfocó uno de los nudos más artificiales del relato oficialista,
cuando tituló: “El Estado demora pagos para sostener el superávit”, que es como decir:
no cumplo con las obligaciones así las cuentas dan bien.
Al día siguiente, Van der Kooy apeló en Clarín al economista pro oficialista Arriazu
para citar el riesgo de que el modelo mileista destruya la economía más de lo que
crea, dado el aumento del desempleo y la pobreza, dos de los motivos del descontento
social. En La Nación, Liotti preguntó si representa solo un “desvío coyuntural” que
haya sectores que crecen mientras otros caen. Y agrega que Melconián llama
“fragmentación regresiva” a que 20 por ciento de la economía avance mientras 50 por
ciento retrocede.
Estos vaivenes se verificaron en una semana en la que la Justicia se esmeró en
decisiones que le sentaron muy bien al oficialismo. Las enumeró Laborda en La
Nación del domingo: los decomisos de bienes a Cristina Kirchner y su familia; las
novedades tribunalicias sobre denuncias de maniobras de aprovechamiento con el
control cambiario cuando Massa era ministro, la reposición de la “reforma laboral” y el
cierre de la causa por el viaje de la esposa de Adorni a Nueva York en el avión oficial.
Todas esas decisiones, explicó el columnista, le dieron “alivio” al gobierno, que se
prepara para la comparecencia del jefe de gabinete en el Congreso, el miércoles 29. Al
respecto, Van der Kooy comentó que el funcionario viajero y activo operador
inmobiliario concurrirá con datos para atacar a los opositores, proporcionados por el
asesor presidencial Santiago Caputo. Y, dado el enfrentamiento del asesor con Karina
Milei y su banda, que Adorni integra, desliza que el jefe de gabinete tendría que
cuidarse de que no haya trampa entre esos datos.
Ninguna nota de análisis u opinión trató el acto de bárbaro fanatismo de Milei en Israel,
cuando dijo que “con determinadas culturas no podemos convivir”, una réplica rastrera
de la amenaza de Donald Trump de semanas atrás, cuando en el marco de su guerra
contra Irán habló de exterminar una civilización completa. La brutalidad geopolítica,
aunque pueda atribuirse a un estado de alienación, no obtuvo un solo comentario.
Casi todos los artículistas expresan que, como tituló Infobae el domingo 26 por la
mañana, “Milei agota su crédito electoral”. En ese contexto de incertidumbre, vuelve a
incluirse como un murmullo de fondo la reaparición de Mauricio Macri. Clarín le dedicó
una página completa al encuentro con Paolo Rocca, hace dos semanas.
Evidentemente no había ya novedad alguna y no la contuvo la nota, que así quedó
expuesta con claridad como esfuerzo editorial por instalar como referencia política del
período al capo de las reposeras.
