Los desaciertos estruendosos del mileismo ante las acusaciones de corrupción que
proliferan y merman su capital político, tanto como el malestar social por la situación
económica, crearon en estos días un desempeño editorial errático, que un día expone
fuertemente los datos más adversos al oficialismo y al otro los relega a segundo plano.
Clarín y La Nación coinciden en opinar que la defensa de la pareja presidencial del
ministro Adorni es desacertada y mantienen totalmente abierta, con inclusión de
rumores y fuentes sin nombre, la posibilidad de que el mileista más canchero tenga
que irse a una de sus varias casas.
También interpretaron de la misma manera la reacción desesperada de Milei por
apropiarse del fallo en Estados Unidos por YPF y zafar de la situación crítica en la que
se encuentra, aunque sin enfocar el aspecto más profundo: el mismo sujeto que
repudia la estatización intenta atribuirse el fallo que reconoció la legitimidad de la
medida, por estar asentada en normas nacionales que son superiores al reglamento
interno de una compañía -entonces privada-, como insólitamente había resuelto
Preska, la jueza al servicio de la carroña financiera.
Pero hay disparidades. Clarín un día sube a tapa el tema Adorni y al siguiente lo
esconde por completo, a diferencia de La Nación, más decente en esta cobertura, así
como sobre la causa por la estafa con $LIBRA.
En las líneas escondidas y que llegan a pocos lectores, como las notas de opinión, hay
sin embargo retorcimientos y contradicciones. El jueves, Pablo de León se permitió en
Clarín la osadía de incluir una fuente anónima, del corazón del gobierno, a la que le
atribuyó esta frase: “Karina se va a llevar puesto al presidente”.
Al día siguiente, Bonelli escribió en el mismo diario que los “lobos” de Wall Street se
preguntan sobre la “gobernabilidad” y empiezan a dudar de la reelección de Milei.
Infobae, bien rebautizado “Infoemba”, por “la” embajada, que venía de una etapa en la
que esquivaba en sus títulos principales la inclusión los casos de corrupción, se
esmeró varias veces con enunciados en primer plano, como el del sábado: “El ‘milagro
del mameluco’ en el medio de la tormenta: Milei se abraza a YPF para saltar los
escándalos”.
La reaparición de Macri hace diez días en un acto en que presentó al desvaído PRO
como continuidad del modelo mileista fue mencionada por Carlos Pagni en La Nación,
por Jacquelin, en el mismo diario, y por Kirschbaum, en Clarín: es la exploración de
una “alternativa” a La Libertad Avanza.
Esa búsqueda tuvo algunos hitos significativos: al coincidir en pronósticos adversos
sobre Axel Kicillof, basados en la afirmación de que no logra atraer a todas las
corrientes del peronismo porque no se “libra” del kirchnerismo, Jacquelin y Kirschbaum
pusieron el ojo en una convocatoria del sanjuanino Uñac para recomponer esa fuerza
política. Así como al pasar, el editor general de Clarín habla de empresarios
involucrados en la iniciativa. Sin precisión alguna, claro: lo deja librado a la
imaginación de quien lea.
Clarín y La Nación anunciaron la concentración del 24 de marzo de manera casi
contrapuesta. Los del “amigo Héctor” eligieron en la tapa una línea de singular
perversidad: “A 50 años del golpe, el kirchnerismo y la izquierda marchan divididos a
Plaza de Mayo”. La Nación, en cambio, tituló: “Se movilizan organismos de derechos
humanos y partidos políticos”.
Pero detrás de estas diferencias apareció después una coincidencia profunda: ningún
columnista tomó la concentración histórica del martes como un dato político que valga
la pena tener en cuenta. Ninguno quiso darle espacio al mensaje central de esa
movilización, tan significativo en el rechazo terminante al Terrorismo de Estado del
pasado como a su reivindicación por parte del mileismo en el presente.
En esto, un grotesco. Como se vio, Clarín quiso condicionar la movilización popular
con el estigma de “marcha K”, pero el domingo 29, Van der Kooy escribió: “El
protagonismo K quedó relativizado en la marcha por los 50 años del golpe de 1976
con una presencia social que excedió a la principal oposición”.
En tanto, en los laberintos nauseabundos de la famiglia judicial hubo un movimiento
muy destacado por ambos diarios. Los supremos Rosenkrantz y Lorenzetti lanzaron
una propuesta para modificar el sistema de selección de jueces, para hacerlo “más
transparente” y con menos participación de “la política”, justo cuando el ministro
Mahiques (la política) trabaja para imponer decenas de magistrados.
Algunos columnistas interpretan que se ha formado una pareja, Rosenkrantz /
Lorenzetti, en un distanciamiento con Rosatti de consecuencias difíciles de prever. En
cambio, para Morales Solá, Rosatti no firmó la propuesta porque va directo al Consejo
de la Magistratura, que él preside: sería como darse un consejo a sí mismo.
En estas errancias, hay una definición que no podrá inscribirse en una historia de la
decencia periodística. En Clarín, que sigue luchando contra Tapia para apropiarse de
la industria del fútbol, el sábado Roa se quejó: “Nadie habla de los cientos de vuelos
de los jefes ricos de la AFA y todo el mundo habla del viaje de 50 minutos de Adorni».

