Por Hugo Muleiro.
Los primeros despliegues editoriales de Clarín, La Nación e Infobae sobre la apertura
de sesiones ordinarias del Congreso se centraron en la intolerancia absoluta de Milei
hacia todo sector político o económico que exprese desacuerdos por muy leves que
sean, incluidos los de los empresarios que financiaron su campaña, pero en su mayor
parte se abstuvieron de enfocar los ejes del modelo ultraliberal.
El incremento del desempleo y la pobreza, la caída salarial generalizada, la inflación
en aumento desde hace ocho meses aún a pesar de los índices oficiales amañados, la
represión a toda expresión de protesta y el ataque gubernamental continuado a la
libertad de expresión no fueron temas tomados en cuenta en balances, análisis e
interpretaciones sobre lo que dijo y no dijo.
“Milei anunció más apertura y reformas y cruzó con ironías y chicanas a los K”, fue el
título principal de Clarín. “Milei atacó al kirchnerismo y a los empresarios, y defendió la
apertura”, el de La Nación. Casi calcados.
Debajo o detrás de esa orientación dominante, sí aparecieron unos tímidos llamados
de atención sobre falta de anuncios concretos, en lo que también coincidieron ambos
diarios, que le siguen atribuyendo al régimen el presunto mérito de la “estabilización
macroeconómica” y la “desaceleración inflacionaria”.
Ningún título, y solo mención en párrafos perdidos, para uno de los anuncios políticos
principales de Milei: Cristina Kirchner seguirá presa porque están decididas más
condenas. Es cierto que no hay en esto un hecho nuevo, porque los mismos medios
vienen publicándolo gracias a los vasos comunicantes con fiscales y jueces que
cobran para ello. Lo que podría merecer atención, y no la obtuvo, es que quien actúa
de presidente se permita esta aberración institucional nada menos que en el Congreso
de la Nación.
Desde ya, no hacía falta esperar las publicaciones del lunes 2 de marzo para tener
evidencias del apoyo editorial al modelo. Lo sintetiza una nota de La Nación el 27 de
febrero, que dijo que Milei “interpela a un empresariado acostumbrado a moverse al
calor del Estado”. También un “análisis” de Clarín el mismo día: lo que “está en juego”
es cuáles empresarios asumen el “cambio de reglas” y aceptan “competir en una
economía abierta y sin prebendas”. Es decir: lo expresan mucho mejor que el propio
Milei, y con la elegancia de evitar insultos.
Los ejemplos son abundantes y su enumeración por demás tediosa, aunque hay
ejemplos de una indecencia periodística que convendría no naturalizar. El ataque de
policías federales a un camarógrafo de un canal mayormente oficialista, A/24, que fue
golpeado, empujado, arrojado al piso y llevado preso el día de la protesta de
Greenpeace por la reforma de la Ley de Glaciares, fue presentado así por La Nación:
“Demoraron a un camarógrafo”.
La protección abarcó también la “jugada”, como la llamó Clarín con toda gracia, con la
que el oficialismo premió a senadores peronistas tránsfugas que, tras romper su
bloque, treparon a la vicepresidencia de la Cámara alta, donde fue colocada la jujeña
Carolina Moisés, quién recibió además dos páginas completas en ese diario. De otras
recompensas nada se sabe hasta ahora. Acaso habrá que esperar que, cual Kueider,
a esta enésima ex kirchnerista se le ocurra cruzar una frontera con los bolsillos llenos,
como hizo el senador neomileista tras votar la Ley Bases.
A esta clase de personas Morales Solá las cataloga como “peronismo razonable”, del
que separó en tono enojoso a Pichetto, también votante de la Ley Bases, al calificarlo
como “extraña excepción” por reunirse con Cristina Kirchner.
El despliegue amplio de los últimos tres días por el ataque militar de Estados Unidos e
Israel a Irán también tuvo unanimidad editorial, expresado en el privilegio abrumador
dado al relato de Washington. Las columnas extensas para retratar al líder supremo
Alí Khamenei se detienen, obviamente, en los múltiples crímenes de los que estaba
acusado, pero sin mención ni siquiera al paso de las denuncias equivalentes que
recaen sobre los cabecillas del ataque, Donald Trump y Benjamin Netanyahu.
La información sobre la pérdida de vidas humanas por esta acción de guerra expone
en los tres medios un supremacismo aberrante, que compite con las peores
experiencias de este tipo en la historia mundial. Hay títulos para las primeras víctimas
estadounidenses e israelíes, pero no para las iraníes, que se cuentan al menos por
cientos. Entre ellas, las más de cien niñas que los atacantes occidentales mataron en
una escuela iraní.

