LOCALES

Día de la memoria por la verdad y la justicia. Personas con discapacidad.

A 45 años de la dictadura militar, y a pocas horas de salir a marchar en todo el país, recordamos a las personas con discapacidad que fueron desaparecidas en el periodo más oscuro de nuestra historia reciente.

Por Emilce Moragues: Periodista especialista en políticas públicas en discapacidad e inclusión

24 de Marzo de 2022

Memoria verdad y justicia: Todo con nosotros, nada sin nosotros

La lucha por la igualdad de derechos de personas con discapacidad comenzó en Argentina en la década de 1950 y sus pioneros fueron personas ciegas y con discapacidad motriz a los que siguieron quienes tenían otras complicaciones de salud, como insuficiencia renal crónica o sordera.

Las primeras voces silenciadas

En la década del 70 varios militantes trabajaron intensamente para comenzar a hacer visible a un colectivo que había sido sistemáticamente excluido, y la dictadura no los discriminó a la hora de torturar y matar.

Entre ellos figuran José Liborio Poblete, usuario de silla de ruedas y militante de la Unión Nacional de Discapacitados, quien fue secuestrado y permanece desaparecido desde aquellos años, o Claudia Inés Grumberg, estudiante de Sociología y con una artritis deformante, quien fue secuestrada y asesinada por el represor conocido como “Turco Julián”.

Otros fueron Mónica Brull de Guillén, mujer ciega que desarrollaba su acción con vecinos y otros integrantes de la comunidad ciega del actual Servicio Nacional de Rehabilitación, secuestrada el 7 de diciembre de 1978 y liberada el 21 de diciembre del mismo año junto con su esposo, Juan Agustín Guillén.

Buscarita Poblete, de Abuelas de Plaza de Mayo, inauguró la ronda de testimonios durante el juicio contra el “Turco Julián” en tribunales de Comodoro Py, por la desaparición en 1978 de su hijo José y su nuera, Gertrudis Hlaczik, y por la sustracción de la beba del matrimonio, Claudia Victoria.

Lo que sucede conviene… para algunos

El 16 de marzo de 1981 fue sancionada la ley 22.431 que promovía la eliminación de barreras arquitectónicas, el transporte gratuito aunque limitado a la educación y a la rehabilitación, como también a las concesiones de pequeños comercios y el cupo laboral del 4% para la Administración Pública Nacional.

Su sanción no fue producto de esas luchas sociales, sino de intereses personales y cuestiones particulares y/o familiares de algunos genocidas, como el caso de Jorge Rafael Videla, cuyo hijo Alejandro Eugenio padecía de oligofrenia y fue negado por sus padres durante años e internado en la Colonia Montes de Oca.

La dictadura sancionó una ley en beneficio de las personas con discapacidad, pero no dejaba de matar y torturar a personas con discapacidad que reclamaban derechos.

La mirada de la dictadura y de una parte importante de la Iglesia hacia las personas con discapacidad eran coincidentes e intentaban invisibilizar a un grupo ya muy numeroso y vulnerable, que no era considerado útil ni social ni económicamente. Entonces, ¿Qué lugar daba el altar de esta institución de poder a quienes no respondían al estereotipo angelical?

“Cuando acudí a la Iglesia católica el único que me trató con cariño y me dio aliento fue el monseñor Jorge Novak (el fallecido obispo de Quilmes)”, dijo Buscarita Poblete cuando relató la peregrinación que inició por los templos en 1976.

Sin dudas, la luchas de las personas con discapacidad cobran fortaleza con cada conquista, pero también lo hacen en días como hoy, cuando cada vez con más convicción y con aquellos que dieron su vida por estas causas, también gritamos: ¡Nunca más!

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