El 5 de setiembre se conmemora el Día Internacional de la Mujer Originaria en homenaje a Bartolina Sisa, una mujer de origen aymara que, junto a Túpac Katari (Julián Azapa), organizó la lucha contra el dominio de la colonia española en la actual ciudad de La Paz en Bolivia. Esta fecha fue establecida 1983 durante el Segundo Encuentro de Organizaciones y Movimientos de América en Tiwanacu, en Bolivia. En relación a esta conmemoración, este artículo ofrece algunas reflexiones para pensar la escencialización de las mujeres indígenas luchadoras y su invención colonial. Se hace también un recorrido por las mujeres que hacen a las “memorias del útero” de las comunidades y pueblos indígenas warpes y diaguitas en San Juan. San Juan, 5 de Septiembre de 2021 Por Carina Jofré El día internacional de la Mujer Originaria, su origen en las luchas anticoloniales en Bolivia Bartolina Sisa encontró la muerte en 1781 de forma cruel y despiadada junto a su compañero Tupac Katari, con quien tuvo cuatro hijos y con quien lideró la lucha por el reclamo contra los malos tratos ejercidos sobre los(es) indígenas en las minas del Potosí y el restablecimiento de los tradicionales ayllus aymaras. Por esa época, su lucha era contemporánea y se enlazaba con las resistencias indígenas que Túpac Amaru (Gabriel Condorcanqui) y Micaela Bastidas organizaban en Cuzco, Perú. En sus viajes por el Titicaka, Julián Azapa y Bartolina Sisa habían establecido relación con múltiples comunidades y ayllus, quienes los acompañaron decididamente en una sublevación al orden colonial imperante. Así fue cómo ambos comandaron estratégicamente a más de cuarenta mil indígenas que sitiaron, durante varios meses y en varias oportunidades, a la actual ciudad de La Paz, hasta que ambos líderes de la resistencia indígena fueron traicionados y entregados a sus captores. La pareja de esposos fue sentenciada al escarnio, tortura y muerte pública. Tupac Katari fue torturado y amarrado a cuatro caballos que tiraban en cuatro direcciones hasta desmembrarlo. Las diferentes partes de su cuerpo fueron a distintos pueblos y su cabeza fue expuesta en una picota en lo alto de un cerro, el 14 de noviembre de 1781. A su muerte gritó la célebre frase que inmortalizó este momento: “Naya saparukiw jiwyapxitaxa nayxarusti, waranqa, waranqanakaw tukutaw kut’anipxani… “Solamente a mí me matan… Volveré y seré millones”. Un año más tarde, Bartolina Sisa fue rapada, violada y paseada desnuda en un burro, antes de ser atada a la cola de un caballo y arrastrada hasta morir el 5 de septiembre de 1782. Sobre la esencialización de las mujeres indígenas Si interrogamos los constructos comunes de esta conmemoración, los cuales son la propia “mujer” “indígena” “luchadora”, necesitamos interrogar estas categorías como invenciones cis- hetero- patriarcarles normativas con orígenes coloniales. Esto no desacredita el significado de la reivindicación de las luchas indígenas anticoloniales en Abya Ayala, y mucho menos la importancia de la participación de las mujeres en ellas. Lo que intento plantear es que la conmemoración podría servir también con un espacio de reflexión y cuestionamiento del orden racista patriarcal del sexo y el género que oprimen a los/as cuerpos/as racializadas en Pueblos y Comunidades Indígenas de todo Abya Ayala. Al referirse a las estructuras de dominación y el papel de las mujeres indígenas en la historia boliviana, la socióloga activista “mestiza-aymara” Silvia Rivera Cusicanqui explicó que: “El drama colonial comienza en los Andes con el intento de seducción que despliega la sociedad nativa, al ofrecerle sus mujeres al invasor. La ruptura de normas de reciprocidad hasta entonces compartidas por todas las sociedades humanas conocidas genera un mecanismo de distanciamiento completamente inédito, que consiste en mirar al otro como si fuera parte de la naturaleza, de lo amorfo o lo asocial. Esta mirada, que en occidente también se aplica al sexo femenino, une pues umbilicalmente al patriarcalismo con el colonialismo a partir de 1532. Ciertamente, los españoles miran a los indios como no humanos, tanto como éstos niegan radicalmente la humanidad del europeo. El testimonio gráfico y verbal de Waman Puma nos permite vislumbrar hasta qué punto esta imagen especular cala hondo en el imaginario indígena (…) Como imagen fundadora, implica la amenaza de un drenaje y acaparamiento unilateral de mujeres, fuera de toda norma de intercambio, que desequilibra y hiere el corazón de la organización social y de la polis indígena. El texto de Waman Puma es demasiado elocuente en la descripción de los episodios de violación y abuso a las mujeres indígenas” (Violencias re-encubiertas en Bolivia, 2010). Para Silvia Rivera Cusicanqui, el proceso de mestizaje en los Andes lleva la marca de esta apuesta femenina, evidenciando lo que la autora denomina “mecanismos de supervivencia” de las mujeres entregadas, violadas o amancebadas por el hombre blanco dentro la estructura patriarcal colonial, y que también constituye un recurso de evasión ante la durísima opresión étnica que cayó sobre las comunidades y ayllus. En el antiguo territorio del Kuyum, hoy provincia de San Juan, los cuerpos indígenas feminizados como otredad colonial sirvieron como base de esa transacción sexual por la cual el sistema moderno colonial de género (definido por María Lugones) se instaló como argumento y fundamento de la colonización española en estos territorios, caracterizado en este caso, por la binaridad sexo genérica y la monogamia parental. Así se advierte en el relato histórico de la unión en matrimonio (ocurrida en 1570) del encomendero de Cayampes, Juan Eugenio de Mallea, y la hija del Cacique Juan Angaco, Doña Teresa de Ascencio, hecho convertido en “mito de origen del mestizaje” en esta provincia colonial. Desde entonces, las “mujeres indígenas” fueron “inventadas” como un botín para la transacción colonial del mestizaje, como herramienta política de intervención y sometimiento de las estructuras de organización social de las poblaciones warpes, diaguitas y otras etnicidades. No hay dudas de que las mujeres indígenas, en tanto “invención colonial”, estuvimos, y seguimos estando, subordinadas al mito de origen patriarcal colonial. Esto no es extraño puesto que, tal como lo señaló Rita Segato, “todos los mitos de origen subordinan a las mujeres”. Esto es así,