Estamos todes súper felices, esperando a que se reglamente todo para ir al Registro Civil, nos cuenta Mathias Gael, le primere sanjuanine en recibir el DNI con el reconocimiento de su identidad no binaria en San Juan. En conversación, nos contó sobre el acto oficial donde se firmó el Decreto por el que se reconocen a las identidades no binarias en el DNI, decreto que viene a complementar la Ley de Identidad de Género que rige en el país. San Juan, 26 de Julio De Flora Pessio Vazquez, para elCimbronazo.com Coméntanos un poco de que se trata el decreto n° 476/21, por medio del cual se reconocen a las identidades no binarias, que fue firmado el miércoles 21 de julio pasado Mathias: Es un reconocimiento sumamente importante, más teniendo en cuenta a las personas que venimos militando hace un montón todo esto. El lunes pasado me llamaron, diciéndome que iba a formar parte de la comitiva oficial para acompañar al presidente en la firma del decreto. El mismo lunes a la mañana, me estaba despertando, y recibo la llamada donde me dicen qué era y para qué era y que se iba a firmar el decreto. Fue tremendo, no caía en la cuenta, y empecé a temblar. Ahí, mi madre de corazón me dice: “cálmate, porque te vas a desmayar, y yo no te puedo” (risas). Cuando caí en la cuenta, me empezaron a llamar para pedirme los datos así viajar a Buenos Aires. Me enviaron los pasajes y fui, sin saber bien cómo iba a ser el acto y la entrega del documento. Porque, en la Ley de Identidad de Género (26.743), une puede cambiar los dos primeros nombres de pila. En mi caso, tengo pensado cambiar mis dos nombres. ¿Cómo iban a hacer para entregarme el documento si nunca les dije que quiero ser Mathias Gael? ¿Cómo me lo iban a dar? Bueno, con esas preguntas, armé las maletas y viajé el martes pasado. ¿Cómo llegaste a formar parte de la comitiva oficial y ser una de las primeras personas en recibir el DNI con el reconocimiento del género no binario? Mathias: Me contaron para este acto porque pertenezco a la Liga de las Provincias, donde nos nucleamos varias personas militantes y referentes de las distintas provincias. En esta Liga también hay varies amiges, que también fueron invitades a participaron del acto. Cuando llegamos a Buenos Aires fuimos al baño para cambiarnos y arreglarnos, no es lo mismo viajar que ir a la Casa Rosada. Ahí nos enteramos de qué se trataba el acto. No tuvimos tiempo ni de dejar las maletas en el hotel. Asique dejé la maleta detrás del auto de Perón. Y entramos a la Casa Rosada. Fue impresionante. Aclárame una duda, ¿por qué resultó en un decreto y no en una ley? Mathias: Fue voluntad política del gobierno nacional. Sabemos que los gobiernos peronistas, en su mayoría, van en pos de la conquista de derechos sociales. También sabemos que Argentina, desde un enfoque analítico, necesita primero que los cambios sean jurídicos o legislativos, y después vienen los cambios sociales. Más en estos casos, donde la lucha viene de minorías. Y más teniendo en cuanta a les no binaries, que somos la minoría de la minoría. Dentro de la misma población sexo-diversa, no era algo visto o algo hablado, porque siempre estaba el debate de que no nos decidíamos o que éramos personas en un “proceso” o una “etapa”. Que haya empezado como un decreto es un gran logro, un gran avance, pero es un inicio. Como pasó en su momento con el cupo trans. A diferencia de esto, nosotres tenemos la Ley de Identidad de Género. Sin embargo, el 4° art. de la ley pone obstáculos a la posibilidad de reconocernos como no binaries. Ahora, gracias al decreto, se puede llegar a la modificación de este artículo en la cámara de diputados y en la cámara de senadores. Los avances dados con el decreto, viene a complementar la Ley de Identidad de Género. ¿Cuáles son las implicancias políticas del reconocimiento de las identidades no binarias? Mathias: Durante el acto, se dieron debates. Sobre todo, uno que se venía dando a nivel nacional: “no somos una X”. Dentro del no binarismo, sabemos que hay distintas “categorías” de identidades, por así decirlo. El no binarismo, de por sí, ya es una representatividad, es una vivencia del género fuera de los estándares enfocados de la sociedad, es decir, lo masculino y lo femenino. Dentro de toda esa gama de distintas vivencias subjetivas del género, están las personas que se empoderan y se sienten representadas con que le digan tortas, putos, travas. Se empoderan de algo que las había marcado, que había causado una herida por el uso peyorativo de esas categorías, y que hoy forma parte de la identidad. En mi caso, en el nuevo documento quería figurar como igualitario, no una X. Pero bueno, se entiende que es un avance y es el primer logro. También se entiende que es un acuerdo al que han llegado muchos países, para lograr el reconocimiento de nuestras identidades por fuera del Mercosur. Porque, dentro del Mersocur, vos viajas con el documento. En cambio, con el pasaporte, si quiero viajar a un país donde ni siquiera existe la ley de identidad de género, la cancillería argentina dentro de ese país, trabaja para que se reconozca mi identidad de género gracias al Convenio de la X, que es la tercera categoría de género. ¿Cómo sigue este avance a nivel provincial? ¿Cuáles han sido las repercusiones? Mathias: En la comitiva oficial me dijeron que, al ser de San Juan, iba a tener que ir al Registro Civil de la provincia. Ya tenemos estipulada una reunión con el gobierno provincial para conversar sobre la reglamentación del reconocimiento de las identidades. En la provincia está todo un poco más armado por la militancia y el activismo que se viene desarrollando hace vario tiempo. El lunes 26 de julio, me reúno con la comitiva
Esa Mujer: un cuento de Rodolfo Walsh sobre el destino del cuerpo de Evita
En «Esa mujer», uno de sus cuentos más reconocidos, Walsh alude al secuestro del cadáver de Eva Perón, aunque su nombre nunca es mencionado. San Juan, 26 de Julio de 2021 El marxista Walter Benjamín supo decir que “ni siquiera los muertos estarán seguros si el enemigo vence”, una definición que explica el extraordinario cuento Esa mujer, de Rodolfo Walsh. Escrito en 1966, Esa mujer hace de la literatura un artificio político donde sin nombrar pone en el centro a un cadáver cuyo nombre estaba proscripto. Esa Mujer El coronel elogia mi puntualidad: —Es puntual como los alemanes —dice. —O como los ingleses. El coronel tiene apellido alemán. Es un hombre corpulento, canoso, de cara ancha, tostada. —He leído sus cosas —propone—. Lo felicito. Mientras sirve dos grandes vasos de whisky, me va informando, casualmente, que tiene veinte años de servicios de informaciones, que ha estudiado filosofía y letras, que es un curioso del arte. No subraya nada, simplemente deja establecido el terreno en que podemos operar, una zona vagamente común. Desde el gran ventanal del décimo piso se ve la ciudad en el atardecer, las luces pálidas del río. Desde aquí es fácil amar, siquiera momentáneamente, a Buenos Aires. Pero no es ninguna forma concebible de amor lo que nos ha reunido. El coronel busca unos nombres, unos papeles que acaso yo tenga. Yo busco una muerta, un lugar en el mapa. Aún no es una búsqueda, es apenas una fantasía: la clase de fantasía perversa que algunos sospechan que podría ocurrírseme. Algún día (pienso en momentos de ira) iré a buscarla. Ella no significa nada para mí, y sin embargo iré tras el misterio de su muerte, detrás de sus restos que se pudren lentamente en algún remoto cementerio. Si la encuentro, frescas altas olas de cólera, miedo y frustrado amor se alzarán, poderosas vengativas olas, y por un momento ya no me sentiré solo, ya no me sentiré como una arrastrada, amarga, olvidada sombra. El coronel sabe dónde está. Se mueve con facilidad en el piso de muebles ampulosos, ornado de marfiles y de bronces, de platos de Meissen y Cantón. Sonrío ante el Jongkind falso, el Fígari dudoso. Pienso en la cara que pondría si le dijera quién fabrica los Jongkind, pero en cambio elogio su whisky. Él bebe con vigor, con salud, con entusiasmo, con alegría, con superioridad, con desprecio. Su cara cambia y cambia, mientras sus manos gordas hacen girar el vaso lentamente. —Esos papeles —dice. Lo miro. —Esa mujer, coronel. Sonríe. —Todo se encadena —filosofa. A un potiche de porcelana de Viena le falta una esquirla en la base. Una lámpara de cristal está rajada. El coronel, con los ojos brumosos y sonriendo, habla de la bomba. —La pusieron en el palier. Creen que yo tengo la culpa. Si supieran lo que he hecho por ellos, esos roñosos. —¿Mucho daño? —pregunto. Me importa un carajo. —Bastante. Mi hija. La he puesto en manos de un psiquiatra. Tiene doce años —dice. El coronel bebe, con ira, con tristeza, con miedo, con remordimiento. Entra su mujer, con dos pocillos de café. —Contale vos, Negra. Ella se va sin contestar; una mujer alta, orgullosa, con un rictus de neurosis. Su desdén queda flotando como una nubecita. —La pobre quedó muy afectada —explica el coronel—. Pero a usted no le importa esto. —¡Cómo no me va a importar!… Oí decir que al capitán N y al mayor X también les ocurrió alguna desgracia después de aquello. El coronel se ríe. —La fantasía popular —dice—. Vea cómo trabaja. Pero en el fondo no inventan nada. No hacen más que repetir. Enciende un Marlboro, deja el paquete a mi alcance sobre la mesa. —Cuénteme cualquier chiste —dice. Pienso. No se me ocurre. —Cuénteme cualquier chiste político, el que quiera, y yo le demostraré que estaba inventado hace veinte años, cincuenta años, un siglo. Que se usó tras la derrota de Sedán, o a propósito de Hindenburg, de Dollfuss, de Badoglio. —¿Y esto? —La tumba de Tutankamón —dice el coronel—. Lord Carnavon. Basura. El coronel se seca la transpiración con la mano gorda y velluda. —Pero el mayor X tuvo un accidente, mató a su mujer. —¿Qué más? —dice, haciendo tintinear el hielo en el vaso. —Le pegó un tiro una madrugada. —La confundió con un ladrón —sonríe el coronel . Esas cosas ocurren. —Pero el capitán N… —Tuvo un choque de automóvil, que lo tiene cualquiera, y más él, que no ve un caballo ensillado cuando se pone en pedo. —¿Y usted, coronel? —Lo mío es distinto —dice—. Me la tienen jurada. Se para, da una vuelta alrededor de la mesa. —Creen que yo tengo la culpa. Esos roñosos no saben lo que yo hice por ellos. Pero algún día se va a escribir la historia. A lo mejor la va a escribir usted. —Me gustaría. —Y yo voy a quedar limpio, yo voy a quedar bien. No es que me importe quedar bien con esos roñosos, pero sí ante la historia, ¿comprende? —Ojalá dependa de mí, coronel. —Anduvieron rondando. Una noche, uno se animó. Dejó la bomba en el palier y salió corriendo.Mete la mano en una vitrina, saca una figurita de porcelana policromada, una pastora con un cesto de flores. —Mire. A la pastora le falta un bracito. —Derby —dice—. Doscientos años. La pastora se pierde entre sus dedos repentinamente tiernos. El coronel tiene una mueca de fierro en la cara nocturna, dolorida. —¿Por qué creen que usted tiene la culpa? —Porque yo la saqué de donde estaba, eso es cierto, y la llevé donde está ahora, eso también es cierto. Pero ellos no saben lo que querían hacer, esos roñosos no saben nada, y no saben que fui yo quien lo impidió. El coronel bebe, con ardor, con orgullo, con fiereza, con elocuencia, con método. —Porque yo he estudiado historia. Puedo ver las cosas con perspectiva histórica. Yo he leído a Hegel. —¿Qué querían hacer? —Fondearla en el río, tirarla de un avión, quemarla y arrojar los restos por
El día que murió Evita
A 69 años del paso a la inmortalidad de Eva Perón, figura femenina clave en el escena política argentina de la segunda mitad del siglo XX. La Eva, para los sectores conservadores y reaccionarios de la sociedad argentina, Evita, para los sectores populares. 26 de Julio de 2021 Fue el 26 de julio de 1952, a las 20.25, después de un largo padecimiento por un cáncer de cuello uterino que le había sido diagnosticado dos años antes. Eva Perón supo despertar el amor de los humildes, que llegaba a la devoción más profunda, pero también fue blanco de las peores reacciones de buena parte de la sociedad argentina. Eva María Ibarguren había nacido en Los Toldos, en el noroeste bonaerense, un 7 de mayo de 1919. Cuando tenía 24 años conoció a Juan Domingo Perón, entonces teniente general y hombre fundamental de la Revolución de 1943 y casi de inmediato se casaron. Eva acompañó a Perón logrando rápidamente un protagonismo central en la vida política argentina. Los derechos políticos de las mujeres, la creación del Partido Peronista Femenino, la fundación de ayuda social, los estrechos vínculos con los sindicatos y una intransigente defensa de Perón frente a “oligarcas”, “cipayos” y el “imperialismo”, marcaron los más de seis años que la tuvieron en la primera escena nacional. Con tan sólo 33 años al momento de su muerte, se había convertido en la mujer más influyente del país. Su cuerpo, llorado durante días por una multitud, también fue robado, ultrajado y ocultado, durante casi dos décadas. El instante de su deceso, las 20.25 de aquel día, sería recordado por años puntualmente en todas las radios del país como la “hora en que la Jefa Espiritual de la Nación pasó a la inmortalidad”. Fuente: Radio Nacional San Juan