San Juan, 2 de diciembre del 2020 El dirigente del PRO será indagado este viernes, tras la denuncia por violencia de género presentada por Gimena Martinazzo. En medio de la denuncia por violencia de género, el diputado nacional sanjuanino del PRO, Eduardo Cáceres, presentó un pedido de licencia ante la Cámara baja por 60 días sin goce de sueldo y será indagado este viernes, según publicó Diario de Cuyo. El legislador fue denunciado por su correligionaria y ex pareja en la Comisaría de la Mujer el 25 de noviembre último y él presentó un descargo en las redes sugiriendo que era una maniobra con fines políticos de la dirigente. El lunes último se hizo una sesión especial en la Cámara de Diputados de la Nación que se extendió hasta el martes y en ese ámbito, Cáceres pidió que se levante para él la disposición de la ley de fueros que habla de allanamiento, lo que tuvo aceptación en el recinto. Allí dijo que «no necesito aferrarme a ningún tipo de privilegio para que me investiguen como cualquier ciudadano común». No obstante, en un primer momento Cáceres no quiso ceder su teléfono al juez para la pericia. Y Martinazzo salió a acusarlo de ponerse a disposición de la Justicia con demora, complicando la obtención de pruebas. «Vengo teniendo agresiones personales desde hace mucho tiempo, tengo testigos y los voy a llamar, muchos testigos de años que ven mensajes, que han sentido gritos, que han sentido un montón de violencia por la que yo no lo exponía, justamente para mantener una relación muy amena porque había mucho que cuidar: el partido, el candidato…», detalló Martinazzo en redes sociales. Cáceres había sido foco de críticas por su oratoria en la cámara baja durante el tratamiento del proyecto de Ley de Aporte Extraordinario a las Grandes Fortunas. El legislador citó a Los Pumas como ejemplo de “la Argentina de bien”. Dicha situación, sin duda hoy no lo favorece, ante las declaraciones discriminatorias y xenófobas en Twitter del excapitán de los Pumas y dos jugadores más. Gimena Martinazzo declaró a Radio Rivadavia «El Juez le pide su teléfono y él dice que no, porque con ese vota y no lo presenta, mientras tanto sigue gozando de su inmunidad» al ser consultada por quiénes son los que «protegen a su ex marido», sin dar nombres, cargó contra «el machismo» sanjuanino, al sostener que «todos postean contra la violencia y en una hora complicada nadie se presenta». La sanjuanina explicó que si bien es diputada electa y quien reemplazaría a Cáceres en caso de ser removido de su banca, ella solo quiere que las agresiones recibidas por parte de su ex esposo «no queden impunes», razón por la cuál hizo una «exposición pública». En tanto, la diputada nacional por San Juan, Graciela Caselles, del Frente Todos, pidió a la Cámara baja que licencie a su par de Juntos por el Cambio, Eduardo Cáceres, para que la Justicia «pueda avanzar en la investigación».
Los Pumas, o civilización y barbarie: Reflexiones en torno a la brecha entre el seleccionado nacional de rugby y la sociedad
San Juan, 2 de diciembre del 2020 La matriz histórica del odio de clase y los tuits racistas de Matera, Petti y Socino; las disculpas del equipo de Ledesma y la UAR a propósito del flaco homenaje a Maradona. Tres Pumas escribieron casi un tratado de racismo virtual que se volvió masivo y tangible cuando alguien lo advirtió en las redes sociales. Ese odio de clase que expresaron en Twitter es un sentimiento arraigado desde la Argentina sarmientina. No explica todo, pero si los principales vectores de la cultura de su clase dominante. Recuérdese la reivindicación que hizo el sanjuanino de la raza “caucásica”. La definió como “la más perfecta, la más inteligente, la más bella”. En 1869 señaló sobre el negro cuando era presidente: “niño que canta, ríe, baila y obedece. Dios lo dejó así, a medio crecimiento”. Un antecedente que bien puede citarse de lo que sería la discriminación al “cabecita negra” que nació con el advenimiento del movimiento peronista. Pablo Matera, el ahora excapitán del seleccionado argentino de rugby y sus compañeros Guido Petti y Santiago Socino no nacieron de un repollo. Tampoco los redimen sus propias disculpas ni se justifican sus tuits xenófobos y misóginos por aquel ideario de civilización o barbarie que inoculó el autor del Facundo. El mismo jugador que les pidió perdón a Maradona y al país en nombre de un plantel que ya no representa, había vomitado su estigmatización a bolivianos y mucamas cuando tenía más de 18 años. Era mayor de edad. Nació el 18 de julio de 1993. Su tuit más antiguo era del 20 de octubre de 2011. El cuanto menos amarrete y poco feliz tributo al máximo ídolo deportivo argentino de la historia pasó de bomba de tiempo a explosión mediática cuando Sam Cane, el capitán de los All Blacks, homenajeó a Diego antes de que su equipo ofreciera el habitual Haka maorí. Había sido una idea del medio scrum suplente neocelandés TJ Perenara. El jugador que le puso la voz a la arenga que Matera y sus compañeros siguieron impávidos en el centro de la cancha. Como si no hubiera pasado nada el 25 de noviembre, tres días antes de aquel partido oficial en Australia que terminó 38 a 0 en contra. A este periodista le consta –porque llamó a un funcionario de la UAR presente con la delegación de Los Pumas– que iban a definir cómo homenajear a Maradona. Pero apenas les salió ponerse un brazalete negro en señal de luto. Hoy queda claro que no alcanzaron a mover el amperímetro de la sensibilidad popular. No tuvieron una empatía acorde al futbolista que se desgañitó alentándolos en la Copa del Mundo 2015 cuando le ganaron a Tonga en Inglaterra. Tampoco mensuraron la dimensión del dolor masivo de un pueblo. ¿Se lo habrán representado? Todo indica que no. La explicación de Matera a cámara y con todo el plantel acompañándolo llegó tarde. Sonó a intentar prender un fósforo húmedo en una noche cerrada. Lejos de iluminar, profundizó la oscuridad. Lo peor sucedió casi en simultáneo a ese mensaje grabado por Los Pumas desde Oceanía. Destruyó el gesto de autocrítica en pocos minutos. Tuits tan viejos –pasaron nueve años del primero– como vigentes en las redes sociales de los discriminadores, estallaron de repente como si fueran de una actualidad inusitada. Los tres Pumas nunca se preguntaron cómo seguían ahí, en sus cuentas de Twitter. Acaso porque naturalizaron que eran inofensivos o creyeron ver en ellos apenas una trastada de su época juvenil, en vísperas de debutar en Los Pumitas. Matera lo hizo en 2012 en esa selección juvenil. Se dieron cuenta nueve años después de que existían esos mensajes racistas. Una producción de sentido que hoy aplaudirían el mal perdedor de Donald Trump y su chirolita Jair Bolsonaro, con perdón de Mister Chasman, su ventrilocuo. Los rugbiers cerraron sus cuentas para borrar toda señal de intolerancia. Socino le dedicó tuits misóginos, racistas y plagados de insultos a la actriz y cantante puertorriqueña Claribel Medina. También eligió como blanco a la presidenta de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini. La insultó sin miramientos. Como Petti conservaban sus mensajes desde 2011 y 2012. La responsabilidad compartida de los tres que ya analiza el INADI y provocó una inmediata sanción de la UAR –le quitó la capitanía a Matera y los apartó del plantel que juega el torneo Tres Naciones en Australia– dejó al mundo del rugby otra vez expuesto por las actitudes repudiables de algunos de sus protagonistas. En esta ocasión fueron jugadores de la Selección nacional, un plantel profesional. En el último verano de Villa Gesell se trató del asesinato en patota del joven Fernando Báez Sosa cometido por rugbiers amateurs del club Náutico Arsenal Zárate. No hay relación jurídica posible entre un episodio y el otro, pero sí una misma matriz de racismo, masculinidad mal entendida y aversión hacia la clase social más desfavorecida. Esto es ineludible y se convierte en un golpe muy bajo para quienes se esmeran en el mundo del rugby por sostenerlo como un juego con determinadas reglas y un espíritu. El de valores ya demasiado manoseados que levanta este deporte. Y que con la conducta de Matera y sus dos compañeros vuelve a ponerse en entredicho. Un dato adicional: al capitán lo nombró el staff de Los Pumas liderado por Mario Ledesma. Ese honor que se confiere en el juego de la ovalada es casi un mandamiento a cumplir por el ascendiente sobre los demás. “El rugby es un juego, ante todo, que se basa en el respeto” señaló el neocelandés Cane que colocó sobre el césped la camiseta All Black con el nombre de Maradona en homenaje al 10. Esa prenda negra que el plantel argentino dijo que le entregará a la familia del ídolo fallecido el miércoles 25. Al odio de clase que expresaron los tres Pumas en las redes sociales, al daño que se autoinfligieron, a la escuálida empatía con el más grande personaje deportivo argentino de la