Zuru regresa “algo más empoderada que el mes pasado” de su gira internacional (donde formó mesas de diálogo con pensadoras de la Cuarta ola feminista), le responde a la gilada machirula y nos comparte tips a ver qué onda.
Por: Beatriz Zuru- Columnista
DESVENTRILOCUISÉMONOS: HABLEMOS POR NOSOTRAS MISMAS

En una concurrida red social ha expresado al respecto, luego de su llegada: “yo ni aquí ni allá puedo decir o decidir por usted, querida lectora. Tendrá que participar y argumentarse”. Enfoca uno de los lugares comunes actuales: “Esto de que tal o cual no la representa, es un bambo suyo, de inseguridad y autopostergación. Pongasé las pilas, queridísima amiga, porque debe representarse a usted misma. Si con otras se siente acompañada, mejor. Pero no deje que le usurpen la garganta (ni más abajo). Intente vislumbrar quién pretende ventrilocuizarla, es decir, ¿quién es el locutor en su vientre? Desátese las tanzas, muevasé por sí sola.”
Horas más tarde dicho discurso devino kilombo. Es que ciertos caballeros se vieron ofendidos… ¡Vaya a saber una por qué! “¿Quizá porque no estaban ni en los créditos finales?”, nos preguntamos junto a Beatriz. Nuestra afamada columnista de lo cotidiano tuvo que leer frases como “No maltrate a sus lectoras, Beti”, “Encima que la leen dos o tres, las trata como marionetas”, “Sea sorora. Pero cierto… que ésta ni va a las marchas”, entre otras. Sin hacerse eco de tales hombrías desgarradas solo declaró en su muro de facebook: “El que se molesta porque no marcho que se quede tranka… para él ya tengo unas palabritas”.
Desde la redacción recogemos y citamos algunos de los puntos centrales del documento, aquellos que tienen que ver con el ámbito laboral, en consonancia con sus Poéticas Trabajadoras:
- Piense: ¿Cómo son sus jefas? O mejor aún: ¿Para qué la quieren a usted sus jefas? Y si usted es quien conduce o detenta un espacio de poder, respóndase a la inversa. Haga el ejercicio, pues.
- Es fundamental oír lo que sus compañeras de trabajo dicen que dicen de ellas. ¿Por qué? Porque puede haber ahí una triquiñuela: racismo, sexismo, clasismo, fobia a los piojos, etc. Es fundamental oír a otras y buscar entre ellas nuestra voz. Quizá seamos nosotras quienes debemos aprender de otras. Dimensionemos al monstruo. Sepamos si tiene dientes enormes o es puro pelo.
- Consuma música, libros, revistas, teatro, danza de calidad. Viajes de vuelta al mundo la aguardan más allá de la clase de zumba, de la novela de la tarde, del librito de autoayuda.