«La libertad te hunde»: el 80% de quienes tomaron deudas en los últimos dos años lo hicieron para pagar alimentos, salud y tarifas

En los últimos 6 meses el 60% de los argentinos tuvo que tomar deuda para llegar a fin de mes y el 65% agota sus salarios antes del 20 de cada mes.

A pesar de que el presidente Javier Milei y su ministro de Economía, Luis Caputo, insisten en negar el drama que atraviesan 6 millones de familias que ya no pueden hacer frente a las obligaciones que pesan sobre ellos por deudas que tomaron en los últimos dos años merced del derrumbe de los salarios y la disparada de las tarifas, la realidad se encarga en desmentirlos una y otra vez.

Así lo dejó en evidencia el último Monitor de Opinión Pública (MOP) realizado por Zentrix Consultora que advierte que el 60,2% de los argentinos tomó alguna deuda o crédito en los últimos seis meses, una proporción que trepa al 70,2% en la clase baja y al 67,1% entre los jóvenes de 18 a 39 años, los dos segmentos más comprometidos por la falta de ingresos.

Y, tajante, el relevamiento desarma el relato libertario al advertir que «el destino del crédito confirma que se trata de una necesidad y no de una decisión de consumo: el 55,6% de quienes se endeudaron lo hizo para cubrir alimentos y salud, y otro 20,4% para pagar tarifas y servicios».

En la clase baja, la suma de ambos motivos supera el 85%, contra menos del 60% en la clase alta, donde el crédito se reparte de manera más pareja con la compra de bienes durables.

Muy lejos quedaron las miserables declaraciones del diputado libertario «Bertie» Benegas Lynch quien aseguró que detrás de las denuncias por la disparada de l amorosidad a niveles récor se esconte la intención de la oposición de poner palos en la rueda. «El primer paso era romper, el segundo paso es seguir con el guion de llorar de las deudas de la gente que no puede y que poco menos se está muriendo de hambre y no puede pagar las cuentas», aseguró y disparó: «no vas caso por caso. ¿Cuál es tu problema? ¿Cuál es tu caso? Cada uno tomó a nivel particular las deudas, pero se agarra todo y ahí entran las motos, los electrodomésticos, el tipo que compró la televisión para el mundial y ahora Argentina no salió campeón, entonces no quiere pagar la deuda».

La licuación de los salarios que impulsaron Milei y Caputo provocó un profundo deterioro del poder adquisitivo de los trabajadores y ello se vio reflejado en la fecha del mes en que se corta la capacidad de gasto.

A nivel nacional, el 65% de los argentinos se queda sin ingresos antes del día 20, el 44,4% no supera el día 15 y el 12,2% ni siquiera llega al día 5. La brecha social es determinante: en la clase baja, el 87,6% agota sus ingresos antes del día 20, mientras que en la clase alta esa proporción cae a apenas el 7,3%. Por edad, la distancia es menor pero igual de significativa: el 83,3% de los jóvenes de 18 a 39 años no supera el día 20, contra el 60,3% de los mayores de 60. La combinación de ambas variables muestra que el fenómeno, aunque transversal, castiga con mayor intensidad a los sectores de menores ingresos y a la población más joven.

Asimismo, el informe de Zentrix advierte que «la evaluación de la economía del país sigue siendo mayoritariamente negativa, aunque con una leve mejora respecto de los meses previos: el 59,4% la considera mala o muy mala, una baja frente al 61,8% de julio, con una brecha social marcada que lleva esa mirada negativa a casi el 75% en la clase baja.

La percepción sobre la economía personal acompaña esa tendencia: la evaluación positiva subió del 27,2% al 29,8% entre julio y agosto. El dato es relevante porque la mejora se verifica tanto en el plano individual -la situación personal- como en el plano colectivo -la valoración del país-, dos planos que suelen moverse de manera desacoplada.

Consultados sobre el sentimiento que les generan los próximos doce meses, los argentinos respondieron mayoritariamente con palabras vinculadas a la duda antes que al rechazo directo: incertidumbre y angustia encabezan las respuestas. Sin embargo, entre las palabras más repetidas también aparece esperanza, en un lugar destacado, lo que matiza el clima de época y muestra que la ansiedad por el futuro convive con expectativas de mejora.

El informe concluye que «lo que deja agosto es un cuadro social donde la urgencia del ingreso ya no es un problema coyuntural, sino un rasgo estructural que se reproduce mes a mes. La necesidad de recurrir al crédito para cubrir alimentos, salud y tarifas se concentra en los sectores de menores recursos y en los jóvenes, la misma población que, según los datos de julio, en un 86,6% necesita dos o más empleos para llegar a fin de mes».

Y advierte: «Leídos en conjunto, ambos relevamientos describen un mismo mecanismo: una generación que sostiene su nivel de vida a fuerza de trabajo adicional y deuda. La leve recuperación en la percepción de la economía personal y del país convive, entonces, con una base material que se sigue erosionando: la esperanza aparece en el discurso, pero no se traduce todavía en una recomposición efectiva del poder adquisitivo. Esa distancia entre expectativa y realidad es, probablemente, el dato más preocupante de cara a los meses que restan hasta 2027».

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