La cal cumple una función técnica decisiva en la producción de litio. Y ahí San Juan tiene una ventaja concreta por su tradición calera, volumen y capacidad para abastecer una cadena que sigue creciendo. Cuando se habla del litio, casi toda la atención se va a los salares, a las exportaciones y a la demanda global. Pero detrás de ese mineral que hoy ocupa el centro de la escena energética hay un insumo menos visible y, sin embargo, clave para que el proceso funcione: la cal. En la extracción de litio a partir de salmueras, la cal se utiliza para regular el pH de las soluciones, ayudar a precipitar impurezas y mejorar las condiciones químicas de las etapas posteriores. Dicho de forma simple, prepara el terreno para que el litio pueda recuperarse con mayor eficiencia. Su peso dentro de la cadena de valor está lejos de ser marginal. Distintas publicaciones del sector señalan que para producir una tonelada de litio pueden requerirse entre 8 y 10 toneladas de cal, un dato que da cuenta de su importancia técnica, logística y económica dentro del proceso. Ahí es donde San Juan gana lugar. Según el balance anual de la Dirección de Fiscalización y Control Ambiental Minero, dependiente del Ministerio de Minería, en 2025 la provincia superó por primera vez el millón de toneladas de cal cálcica, con una producción de 1.030.898,44 toneladas. A eso se sumaron 244.758 toneladas de cal hidratada y 176.946 toneladas de cal dolomítica. Ese volumen no se explica solo por una buena coyuntura. Se apoya en una base productiva asentada en departamentos como Sarmiento, Albardón, Jáchal, Zonda y Rivadavia, y en una industria que ya tiene escala para abastecer mercados exigentes. En 2025, además, San Juan exportó 462.525,49 toneladas de cal, con Chile como principal destino y envíos también a Uruguay y Paraguay. Por eso, mirar la relación entre la cal y el litio permite entender algo más amplio, que tiene que ver con que la minería se sostiene también con una red de insumos y capacidades industriales que muchas veces quedan fuera del foco. Y en ese espacio decisivo San Juan ya tiene un lugar concreto a través de sus cales.
El nuevo puente del lago del Parque de Mayo empieza a tomar forma
La estructura peatonal de 70 metros forma parte de la renovación integral del lago. Ya comenzó el hormigonado de sus fundaciones. El Ministerio de Infraestructura, Agua y Energía continúa avanzando con la transformación integral del Parque de Mayo. En el marco de la remodelación del Sector 2, comenzó el hormigonado de las fundaciones del nuevo puente peatonal que cruzará el lago, una de las intervenciones más representativas de esta obra. El puente tendrá 70 metros de longitud y sumará una nueva forma de recorrer el lago. Quienes visiten el parque podrán caminar sobre la estructura, disfrutar de vistas diferentes del entorno, tomar fotografías y compartir momentos en uno de los espacios más emblemáticos de la provincia. La nueva estructura estará sostenida por 16 columnas distribuidas a lo largo de su recorrido. Actualmente se trabaja en las fundaciones que servirán de base para la construcción del puente, una de las primeras etapas de esta intervención. La renovación del lago también incluye la mejora de veredas, el reacondicionamiento de barandas, la incorporación de nueva iluminación LED y distintas intervenciones destinadas a mejorar la seguridad y el funcionamiento general de este espacio público. La remodelación del Sector 2 se organiza en tres ejes principales: la renovación del lago, la recuperación del tradicional trencito y la construcción de nuevos núcleos sanitarios. El proyecto busca recuperar servicios históricos del parque e incorporar infraestructura que acompañe el uso cotidiano de miles de personas que lo visitan cada año. La transformación del Parque de Mayo forma parte del trabajo que impulsa el Gobierno de San Juan para mejorar los espacios públicos de la provincia. Estas obras permiten contar con lugares más seguros, accesibles y preparados para que las familias disfruten, compartan actividades y se encuentren al aire libre.