Por Hugo Muleiro.
La ferocidad de la regresión en los derechos laborales que el oficialismo empuja en
beneficio de empresarios aliados y hasta de los supuestos disconformes o disidentes,
que tuvo su paso triunfal por Diputados, terminará inevitablemente en una
judicialización frente a la cual este componente central del modelo ultraliberal, dicen
títulos y notas de estos días, dependerá ahora de los amigos de la Corte.
La proyección, que no es nada novedosa y carece por completo de mérito periodístico,
fue publicada el lunes 16 en La Nación, antes de la sesión en la Cámara baja, con una
foto que genera auténtico pánico a cualquier persona bien nacida: los tres jueces
supremos.
Clarín lo convalidó en su título principal de tapa del domingo 22: “Con la reforma, la
Corte amplía su poder sobre los conflictos laborales”, para explicar páginas adentro
que los tribunales que no sigan los criterios supremos serán castigados.
La secuencia completa se entiende mejor si se toma en cuenta que desde que el
mileismo aceleró con el proyecto de reducción de derechos laborales, apoyado
ampliamente por las y los columnistas de Clarín, La Nación e Infobae, hubo
proliferación de títulos sobre la “industria del juicio” y otros que exaltaron que la Corte
redujo montos indemnizatorios resueltos por tribunales inferiores.
En este contexto, hubo una nota llena de perversidad en La Nación, el viernes 20, con
el título: “El Poder Judicial contra la República”. Ese artículo destacó que la división de
poderes atribuye al Congreso la facultad de legislar, no a los jueces. La obviedad, sin
embargo, no fue tenida en cuenta por el diario ante la decisión de los cortesanos de
anular las leyes de democratización del Poder Judicial, en 2013, ni ante la eliminación
de la reestructuración del Consejo de la Magistratura, sancionada en 2006 y abatida,
también por los supremos, quince años después, en 2021.
El resto del despliegue editorial de la semana se enfocó principalmente en hacer notar
torpezas del oficialismo, principalmente por el artículo sobre las licencias por
enfermedad, pero no hubo una línea contra la afectación al derecho constitucional de
huelga, las potestades abusivas regaladas a las patronales sobre jornada de trabajo,
salarios, horas extra, vacaciones e indemnizaciones, entre otros puntos.
De la lectura de estos medios sagaces e independientes se deduce que no hubo forma
de establecer quién fue el autor de la inclusión del artículo sobre las licencias, con una
excepción: Bonelli escribió en Clarín el viernes 20 que la ocurrencia fue del propio
Milei, que le dio aprobación a Sturzenegger para intentar el lance.
Este tipo de errores volvió a generar preocupación en Morales Solá, en La Nación,
porque –adviertió- dificultan el avance triunfal de la imposición del modelo ultraliberal.
El comentarista se quejó también de las críticas oficiales a grandes empresarios,
Paolo Rocca en primer lugar y también Madanes, de FATE, quien fue atacado,
pobrecito él, cuando “venía de cumplir la ingrata obligación de cerrar una fábrica
emblemática”.
Por lo demás, la derrota opositora en el Congreso fue retratada con tonos festivos y
burlones, pero con una línea de fondo que tampoco es novedosa, pues retoma
ímpetus aniquiladores como los de 1955 y 1976: Jacquelin reprochó al mileismo en La
Nación del lunes 16 que cometa errores para “revivir a adversarios moribundos”, y
cuando están dadas las condiciones, tipeó, para “comenzar a imprimir el acta de
defunción” del peronismo.
Pudieran ser consideradas unas metáforas poco felices, pero la insistencia a lo largo
del tiempo no lo permite. Morales Solá había paladeado, años atrás, la “guillotina” para
Cristina Kirchner. Y La Nación no está sola: el viernes 20, Infobae ubicó en lugar muy
destacado el título “Fin de época: la estaca al peronismo y el acta de defunción de 70
años de atraso”.
Este acompañamiento sin fisuras al modelo oficialista dejó en líneas perdidas
menciones a los procedimientos con los cuales el régimen consiguió en Diputados un
buen puñado de imitadores del destituido senador Kueider, pescado con dinero
después de traicionar a sus electores y apoyar la Ley Bases. Los tránsfugas deberían
tomar previsiones, aunque los controles son poco probables.
Más visible, en cambio, fue el bochorno de Clarín, supuestamente enesmitado con
Milei por negocios y negociados en telecomunicaciones: “un paro con muy baja
adhesión”, tituló en portada el viernes. La alevosía fue involuntariamente expuesta por
La Nación: “un paro que se sintió con fuerza”.
