El Estado sigue negando a los pueblos originarios en las estadísticas. La variable étnica y la dimensión lingüística no están incorporadas en los sistemas de información de los ministerios. Una iniciativa busca un millón de firmas para que «la pregunta lingüística» sea incorporada en el Censo 2022 . “Después de casi 40 años de democracia, del reconocimiento de los derechos de los pueblos originarios en la Constitución de 1994, no hay un sólo informe que indique qué lenguas existen en el territorio, además del español”, explica Azpiroz Cleñan, una de las impulsoras. 3 de Junio de 2021 Por Violeta Moraga* Una pregunta. Un número en una estadística. La falta de un dato que trasciende, se desdobla, narra un silencio. Un casillero que debe ser trazado para volver visible aquello que no se registra y entonces… ¿no existe? Números. Números que se pueden traducir en historias, en políticas públicas, en una mirada sobre la tierra que habitamos. Números que pueden ayudar a que las palabras no se extingan, a que no se borren las diversas formas de nombrar el mundo. Una pregunta. De eso se trata, una pregunta en el Censo 2022. Una pregunta sobre la lengua. Empezó a circular por redes, si bien la demanda antes recorrió infinidad de espacios públicos. Se trata de la “Campaña por un millón de firmas para la inclusión de la pregunta lingüística en el censo 2022” lanzada desde la organización “Tejido de Profesionales Indígenas”, que tiene como eje de trabajo los diálogos de saberes entre el mundo académico y el mundo indígena, y el “Colectivo de investigadores en lenguas y pueblos indígenas”. ¿De qué se trata? La explicación es sencilla y la detallan quienes impulsan la iniciativa: actualmente se hablan en el territorio nacional más de 16 lenguas indígenas, sin embargo, no se cuenta con evidencia censal sobre la cantidad de hablantes de lenguas que sobreviven en nuestro país, ni detalles certeros sobre sus usos y vitalidad. Es por esto que se considera “sumamente relevante incorporar al Censo 2022 de Población y Vivienda preguntas aplicadas a la totalidad de la población, de modo de poseer evidencia estadística de la situación y prever políticas concretas que garanticen los derechos lingüísticos de todas las personas”. Frente a esta demanda, Verónica Azpiroz Cleñan, narra el alcance e impacto de la pregunta sobre las lenguas indígenas en el próximo Censo de Población 2022. Es politóliga, magister en Salud Intercultural y pertenece a la comunidad mapuche Epu Lafken en Los Toldos y al Tejido de Profesionales Indígenas en Argentina. “En el 2017 fuimos al INDEC como Tejido de Profesionales Indígenas para pedir datos sobre la salud mapuche en siete provincias, pero ese dato no estaba. Como al principio se negaban a dar la información, hicimos una presentación en la Defensoría del Pueblo de la Nación, a partir de lo cual, la Defensoría pidió una reunión en el INDEC. Allí planteamos que la variable étnica y la dimensión lingüística no estaba incorporada en los sistemas de información de cada uno de los ministerios de la Nación, con lo cual, no podíamos seguir la evolución estadísticas de ciertos temas”, desanda. Fue así que se propusieron participar en el diseño pre-censal para el censo 2020 y demandaron que se incorporara la nominación de los pueblos originarios en la pregunta de auto-percepción y/o identificación, algo que hasta el momento el INDEC ha rechazado. También pidieron incorporar la pregunta sobre las lenguas que se hablan en la Argentina. “No solo queremos medir la lengua indígena, queremos saber qué cantidad de gente no es monolingüe español y habla otras lenguas”. Azpiroz Cleñan traduce esta necesidad en algo bien concreto: la lengua es la primera barrera en el acceso a los derechos o la habilitante a los mismos. En esa demanda de información, incluso, hubo cartas desde 19 universidades nacionales -que tienen áreas de lenguas de pueblos originarios- que se pronunciaron públicamente, junto con el Tejido de Profesionales Indígenas y el Consejo Interuniversitario Nacional, a favor de incorporar la pregunta sobre diversidad lingüística y la auto identificación étnica con la nominación de los pueblos. Sin embargo, sobre nada de esto hubo avances. “El censo experimental iba a hacerse en mayo de este año. Por eso pensamos en aprovechar la coyuntura para presionar sobre el diseño pre-censal del formulario básico que se utilizará el año que viene”. Es en este marco que se lanzó esta campaña. “Hay una complejidad, un entramado en el operativo censal que si no se prevé antes no va a dar buenos resultados”, explica y pone en evidencia la situación actual: “Después de casi 40 años de democracia, del reconocimiento de los derechos de los pueblos originarios en la reforma constitucional de 1994, no hay un sólo informe que indique qué lenguas existen en el territorio, además del español”. –¿En qué se traduce concretamente esa información? -Por ejemplo, toda la campaña de prevención del COVID se hizo en castellano. Muchos contagios se podrían haber evitado si cada uno de los ministerios provinciales o el Nacional, hubieran producido materiales de comunicación adaptado a las lenguas indígenas. Todo el primer tiempo de la pandemia el pueblo Qom, por ejemplo, no entendió lo que estaba pasando. Y murió mucha gente. Cómo vas a comunicar una decisión del Gobierno, para proteger a la población, si no la haces en la lengua y en los códigos en los que este pueblo entiende el proceso salud-enfermedad-atención. Lo mismo pasó con el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), la gente no entendía qué era ese subsidio extraordinario que se daba en el marco de la pandemia. De esta manera, Verónica insiste en la importancia de dar cuenta de las lenguas que hablan los pueblos originarios. “La política pública tiene que ocuparse de una población que no está entendiendo el español. Las barreras de acceso a la salud, por ejemplo, son concretas”. Así, explica que muchas veces no se alcanza a ver, incluso en las mismas comunidades, la dimensión real de lo que significa aparecer en las estadísticas, mientras el Estado sigue negando “esas
Susana Chávez, la poeta de Ciudad Juárez que gritó Ni Una Menos por primera vez
Fue una de las pioneras en visibilizar las desapariciones y asesinatos sistemáticos de mujeres en la década del 90 en la ciudad más violenta de México. Conjugó su poesía con el activismo y militó junto a organizaciones feministas para esclarecer los femicidios. En 2011, tres varones la violaron y la mataron. No llegó a ver la trascendencia de su consigna “Ni una una mujer menos, ni una muerta más”. 3 de Junio de 2021 Por Natalia Arenas* El día que el cuerpo violado y mutilado de la poeta Susana Chávez fue reconocido por su familia, el fiscal del estado de Chihuahua descartó que el crimen haya estado relacionado con sus condiciones de mujer y militante. Fue “un encuentro desafortunado”, dijo, en el cual tres jóvenes “alcoholizados y drogados” discutieron con ella y la mataron. Para el fiscal, Susana fue la mala víctima que salió a divertirse y terminó muerta. Fue un femicidio. Pero hasta el día de hoy el gobierno de México no lo reconoció. Susana fue asesinada el 6 de enero de 2011 por tres jóvenes de 17 años, quienes la violaron, le arrancaron una mano (para simular un crimen narco), la asfixiaron con una bolsa en la cabeza y descartaron su cuerpo. Ese año, fue la tercera militante feminista asesinada por denunciar los crímenes sistemáticos de mujeres en Ciudad Juárez. Tenía 36 años. Había nacido el 5 de noviembre de 1974 en Ciudad Juárez, estado de Chihuahua. A los 11 años empezó a escribir sus primeros poemas. Participó de diferentes encuentros de lectura y poesía. Su pertenencia a esa ciudad mexicana -signada por una profunda violencia que se desencadenó sobre todo a partir de la década de los 90- hizo que por esos años comenzara a interesarse y movilizarse por los crímenes y desapariciones de mujeres. La violencia y homicidios contra las mujeres era un tema que aún no se conocía por fuera de la población de Ciudad Juárez. Pero decenas de ellas comenzaban a desaparecer. Las víctimas eran sobre todo adolescentes o jóvenes de bajos recursos que trabajaban en condiciones de explotación en las maquiladoras norteamericanas ubicadas en la frontera con Estados Unidos. Entre 1993 y 2011, el año en que mataron a Susana, hubo 700 casos de mujeres asesinadas o desaparecidas sin resolver. Susana comenzó a trabajar en la búsqueda de justicia por estas mujeres junto a agrupaciones feministas de Ciudada Juárez. Con su lucha, lograron varias sentencias internacionales contra México por la falta de investigación adecuada en los femicidios. Por ese entonces, ella conjugaba el activismo con su alma poeta. Las lecturas en voz alta de sus poemas pasaron de los círculos literarios a las marchas y manifestaciones a favor de los derechos humanos de los colectivos históricamente ninguneados: las mujeres, las prostitutas, las personas racializadas y discapacitadas. “Que cese la espera de la eternidad cansada de esperarnos, que el silencio se vuelva transparente para que el verdadero sonido filtre por fin su alma. Que “el círculo perfecto” se vuelva luz encendida en alguien que abre una puerta. Que el golpe de mar quede en la memoria, penetrante” (Pliego Petitorio, uno de sus poemas más famosos). Fue la creadora de la consigna “Ni una mujer menos, ni una muerta más”, que se convirtió en símbolo de la lucha contra los homicidios de mujeres en Ciudad Juárez. En 2015, cuatro años después de su femicidio, se gestaba en Buenos Aires el movimiento Ni Una Menos, que tomó su nombre de aquella frase. La primera acción visible fue una “maratón de lectura contra el femicidio” convocada por escritoras, periodistas, artistas y activistas. Fue en la Plaza Boris Spivacow, frente a la Biblioteca Nacional de Buenos Aires, y también estuvieron presentes familiares de víctimas de femicidios. El femicidio de Chiara Páez fue el detonante de lo que vendría unos meses después, el 3 de junio de 2015: la manifestación que sólo en Buenos Aires reunió a más de 200 mil mujeres y se replicó en todas las provincias del país. La consigna Ni Una Menos comenzó siendo un grito contra la violencia de género y los femicidios y a lo largo de los años fue transformándose y alimentándose de reclamos y reivindicaciones feministas. Y traspasó fronteras. Susana Chávez no llegó a conocer la poderosa trascendencia trasnacional de su creación. “A Susana la mataron como mataron a las mujeres que ella defendía”, dijo su padre en el entierro en el cementerio de Tepeyac, uno de los más antiguos de Ciudad Juárez. Sobre su tumba, sus familiares escribieron un fragmento del poema “Sangre Nuestra”, que hizo en homenaje a las mujeres víctimas de femicidio: “Sangre mía, sangre alba, sangre de luna partida, sangre del silencio”. Para Cosecha Roja
Susana Chávez, la poeta de Ciudad Juárez que gritó Ni Una Menos por primera vez
Fue una de las pioneras en visibilizar las desapariciones y asesinatos sistemáticos de mujeres en la década del 90 en la ciudad más violenta de México. Conjugó su poesía con el activismo y militó junto a organizaciones feministas para esclarecer los femicidios. En 2011, tres varones la violaron y la mataron. No llegó a ver la trascendencia de su consigna “Ni una una mujer menos, ni una muerta más”. 3 de Junio de 2021 Por Natalia Arenas* El día que el cuerpo violado y mutilado de la poeta Susana Chávez fue reconocido por su familia, el fiscal del estado de Chihuahua descartó que el crimen haya estado relacionado con sus condiciones de mujer y militante. Fue “un encuentro desafortunado”, dijo, en el cual tres jóvenes “alcoholizados y drogados” discutieron con ella y la mataron. Para el fiscal, Susana fue la mala víctima que salió a divertirse y terminó muerta. Fue un femicidio. Pero hasta el día de hoy el gobierno de México no lo reconoció. Susana fue asesinada el 6 de enero de 2011 por tres jóvenes de 17 años, quienes la violaron, le arrancaron una mano (para simular un crimen narco), la asfixiaron con una bolsa en la cabeza y descartaron su cuerpo. Ese año, fue la tercera militante feminista asesinada por denunciar los crímenes sistemáticos de mujeres en Ciudad Juárez. Tenía 36 años. Había nacido el 5 de noviembre de 1974 en Ciudad Juárez, estado de Chihuahua. A los 11 años empezó a escribir sus primeros poemas. Participó de diferentes encuentros de lectura y poesía. Su pertenencia a esa ciudad mexicana -signada por una profunda violencia que se desencadenó sobre todo a partir de la década de los 90- hizo que por esos años comenzara a interesarse y movilizarse por los crímenes y desapariciones de mujeres. La violencia y homicidios contra las mujeres era un tema que aún no se conocía por fuera de la población de Ciudad Juárez. Pero decenas de ellas comenzaban a desaparecer. Las víctimas eran sobre todo adolescentes o jóvenes de bajos recursos que trabajaban en condiciones de explotación en las maquiladoras norteamericanas ubicadas en la frontera con Estados Unidos. Entre 1993 y 2011, el año en que mataron a Susana, hubo 700 casos de mujeres asesinadas o desaparecidas sin resolver. Susana comenzó a trabajar en la búsqueda de justicia por estas mujeres junto a agrupaciones feministas de Ciudada Juárez. Con su lucha, lograron varias sentencias internacionales contra México por la falta de investigación adecuada en los femicidios. Por ese entonces, ella conjugaba el activismo con su alma poeta. Las lecturas en voz alta de sus poemas pasaron de los círculos literarios a las marchas y manifestaciones a favor de los derechos humanos de los colectivos históricamente ninguneados: las mujeres, las prostitutas, las personas racializadas y discapacitadas. “Que cese la espera de la eternidad cansada de esperarnos, que el silencio se vuelva transparente para que el verdadero sonido filtre por fin su alma. Que “el círculo perfecto” se vuelva luz encendida en alguien que abre una puerta. Que el golpe de mar quede en la memoria, penetrante” (Pliego Petitorio, uno de sus poemas más famosos). Fue la creadora de la consigna “Ni una mujer menos, ni una muerta más”, que se convirtió en símbolo de la lucha contra los homicidios de mujeres en Ciudad Juárez. En 2015, cuatro años después de su femicidio, se gestaba en Buenos Aires el movimiento Ni Una Menos, que tomó su nombre de aquella frase. La primera acción visible fue una “maratón de lectura contra el femicidio” convocada por escritoras, periodistas, artistas y activistas. Fue en la Plaza Boris Spivacow, frente a la Biblioteca Nacional de Buenos Aires, y también estuvieron presentes familiares de víctimas de femicidios. El femicidio de Chiara Páez fue el detonante de lo que vendría unos meses después, el 3 de junio de 2015: la manifestación que sólo en Buenos Aires reunió a más de 200 mil mujeres y se replicó en todas las provincias del país. La consigna Ni Una Menos comenzó siendo un grito contra la violencia de género y los femicidios y a lo largo de los años fue transformándose y alimentándose de reclamos y reivindicaciones feministas. Y traspasó fronteras. Susana Chávez no llegó a conocer la poderosa trascendencia trasnacional de su creación. “A Susana la mataron como mataron a las mujeres que ella defendía”, dijo su padre en el entierro en el cementerio de Tepeyac, uno de los más antiguos de Ciudad Juárez. Sobre su tumba, sus familiares escribieron un fragmento del poema “Sangre Nuestra”, que hizo en homenaje a las mujeres víctimas de femicidio: “Sangre mía, sangre alba, sangre de luna partida, sangre del silencio”. Para Cosecha Roja
La historia del primer italiano que donó sangre para saber si su hermano es un desaparecido
Paolo Privitera puso el brazo porque quiere saber si Salvatore es uno de los 30.000. “Argentina te busca. Ayúdanos a encontrarte” se llama la campaña con la que los consulados argentinos en los distintos países informan a los familiares para hacer una extracción de ADN que el Equipo Argentino de Antropología Forense analiza luego de que llega al país en valija diplomática. Roma, 3 de Junio de 2021 Contribuir con la propia sangre para que a través de un estudio de ADN se pueda llegar a saber, después de más de 40 años, si tu familiar; tal vez tu hermano, tu marido, tu hijo o tu nieto, están entre los 600 desaparecidos cuyos restos se encuentran todavía sin nombre en la sede del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) no es una tarea fácil de abordar desde el punto de vista afectivo. Pero técnicamente es sencilla. Basta un pinchazo en un dedo y algunas gotas de sangre que colocadas en una tarjeta especial son enviadas en valija diplomática a Argentina, a la sede de EAAF que hará el estudio del ADN. No se sabe cuándo se conocerán los resultados porque la pandemia podría retrasarlos. Este miércoles 2 de junio, en Italia se celebró una de las fiestas más importante del país, el Día de la República –que recuerda el reférendum de 1946 que hizo que el país pasara de una monarquía a una república democrática– y en Sicilia se realizó la primera extracción de sangre de un italiano que vivió en Argentina y cuyo hermano está aún desaparecido. Ésta primera extracción se hizo en el contexto de la campaña internacional lanzada por la cancillería argentina hace dos meses para tratar de darle nombre a los restos de 600 desaparecidos que están en Antropología Forense y todavía son anónimos. En Italia, la campaña se llama Ayudanos a encontrarte y se ha difundido a través de unos programas en la RAI , diarios italianos y europeos y de afiches del consulado. Porque son los consulados argentinos en los distintos países los que se encargan de proporcionar información a los familiares y al equipo que hace la extracción de sangre que luego es enviada a Argentina. Y a Sicilia, para entregarle el material necesario y presenciar la extracción de sangre del familiar interesado, en este caso Paolo Privitera, viajó la cónsul argentina en Roma, Ana Tito. “ Realizamos aquí en Sicilia la primera extracción en Italia de muestra sanguínea a un familiar de un desaparecido italiano en búsqueda de conocer si uno de los 600 cuerpos en custodia del EAAF pertenece a su hermano mayor» contó la cónsul a PáginaI12 . «Esto tiene una gran significado porque demuestra en campo el compromiso real del Estado argentino con las políticas de Memoria ,Verdad y Justicia», siguió. «Hoy, a través de mi persona, el Estado argentino llega en búsqueda de Verdad», dijo Paolo Privitera. «Muy cerca, reside el represor Carlos Malatto, quien huyó del alcance de nuestra justicia utilizando su doble ciudadanía”, agregó. El teniente coronel Malatto, en efecto, miembro del RIM22 (Regimiento de Infantería de Montaña) de San Juan, está acusado de torturas y homicidios. Llegó a Italia en 2011 escapando de la justicia argentina y no pudo ser procesado en un primer momento por su ciudadanía italiana y por que el delito de tortura no figuraba entonces en el código italiano. Luego las cosas cambiaron y mientras la justicia italiana todavía discute si procesarlo, vive en una residencia lujosa en Sicilia. Son unos 65 los italianos desaparecidos en Argentina sobre los cuales nada se ha sabido. “Con prácticas como éstas buscamos contribuir a que las familias de las víctimas del terrorismo de Estado cierren parte de su historia –continuó la cónsul– . La verdad es siempre mejor que la incertidumbre. Las víctimas merecen que sus restos recuperen su identidad y vuelvan al seno familiar. Al mismo tiempo, con este procedimiento cultivamos con hechos la memoria colectiva de nuestra sociedad para que nunca olvidemos donde puede llevarnos la violencia y el autoritarismo. Necesitamos que esta campaña se difunda a nivel internacional para que las familias de desaparecidos extranjeros se acerquen a nosotros. Existen muchas personas en Italia a las que podemos ayudar a dar la debida sepultura a sus seres queridas”. La cónsul destacó por otra parte que en este caso, excepcionalmente, se hizo pública la identidad del familiar del desaparecido “porque fue él mismo quien nos propuso hacer pública esta práctica a fin de que otros familiares de desaparecidos italianos conozcan esta iniciativa y se acerquen a los consulados argentinos en Italia para imitarlo. Agradecemos enormemente su compromiso con esta campaña pero al mismo tiempo deseamos que quede claro que garantizamos confidencialidad absoluta a todos los familiares de desaparecidos italianos que se acerquen a nosotros”. Tito subrayó además que de ahora en más, el familiar tendrá relación directa con Antropología Forense, para hacerle preguntas o pedir información, sin la mediación del consulado. “Cuando me enteré de esta campaña, quise hacer rápido el análisis —contó Paolo Privitera a Página 12— . Lo hice y fue algo muy emocionante. Era el último lugar donde me faltaba buscar a mi hermano Salvatore. Esperemos que esto sirva como ejemplo para los otros familiares y la gente se anime a dar las muestras de sangre”. “Yo creo que si esto se difunde, mucha gente podría interesarse. Depende de la sensibilidad de los familiares. Yo hablé con mis primos en Mendoza, en Guaymallén. Y ellos también están disponibles para hacer lo necesario. Porque tener más muestras familiares, por ejemplo del lado materno, pueden ayudar a identificar más rápido al desaparecido”, añadió. Los Privitera Paolo Privitera y su familia llegaron a la Argentina desde Sicilia en 1955. “Yo tenía un año y mi hermano Salvatore, siete”, contó . Se fueron a vivir a Dorrego, uno de los departamentos de la capital mendocina. Salvatore estudió medicina en Córdoba y luego trabajó en el Hospital Rawson de esa ciudad. Militante de Montoneros, fue arrestado en 1974 acusado de haber participado en un asalto al cuartel de Bell Ville. En 1975, Paolo y su familia se fueron a vivir a Córdoba para poder así ir a visitar a Salvatore a la cárcel donde estaba. Pero después
Seis años de Ni una menos, el hito que comenzó la liberación de la palabra de las mujeres
La marcha del 2015 fue un antes y un después para las mujeres en la Argentina y en el mundo. Después de 30 años la convocatoria para pedir políticas que prevengan los femicidios se volvió una asamblea abierta para contar las historias de violencia de género. A partir de ahí la liberación de la palabra recorrió el mundo con el #MeToo y #YoTeCreoHermana 03 de Junio de 2021 Por Luciana Peker* Me abusaron. Me encerraron. Me mataron a mi mamá. Me acosaron. Me pegaron. Me lastimaron. Me dijeron cosas. Me incomodaron. Me violaron. Me dejaron temblando. Me callaron. Me asustaron. Tantas veces había escuchado las mismas historias. Tantas veces en una soledad incomoda que nadie parecía escuchar. O que rebotaba entre paredes sin oídos. Y marchas sin cámaras. Hasta que no fue una, sino que fuimos muchas las que dijimos juntas “Ni Una Menos”. El 3 de junio del 2015 no se dijeron cosas que no sabíamos. Pero se dijo de formas que muchas más supieron que no les pasaba a ellas solas, que no tenían que aceptar lo que no querían y que si lo decían más fuerte, la palabra podía ayudarlas a vivir mejor que cuando solo quedaba la opción de tragar el dolor y las lagrimas. La diferencia sustancial entre saber y decir es la palabra, no individual, no solitaria, no aislada, ni perdida, sino la palabra multiplicada por muchas mujeres que toman el poder de la palabra. Siempre se supo pero recién, cuando fuimos muchas, cuando estuvimos juntas, cuando el eco era tan grande que no se podía callar, se pudo decir tan fuerte que se convirtió en un viento que ya no tuvo freno.En el contexto de pandemia el colectivo Ni Una Menos convoca a hacer carteles y pegarlo en puertas y ventanas. El huracán Ni Una Menos viajó por todo el continente y tomo cuerpo en un lema que no solo repudia la muerte, sino que proclama la vida (Ni Una Menos, Vivas Nos Queremos) y despertó a otras que estaban calladas, no se animaban o se sentían aisladas, locas o únicas, en el dolor escondido de lo que les pasaba, pero “de eso no se hablaba” porque lo importante nunca era que pasaba una mujer, sino que pasaba en el mundo, como si el mundo no fuera de las mujeres, trans, travestis, no binaries y lesbianas. Las palabras no se llegaron a decir por arte de magia, sino por la transformación que implicó el periodismo de género en Argentina, los Encuentros Nacionales de Mujeres rotativos por todo el país, la educación sexual integral que ya había entrado en las escuelas, la labor de las pioneras feministas, el cupo que habilitó las nuevas leyes en el Congreso y la plataforma que dieron las redes sociales y el hartazgo. Después de tantos años de contar historias sobre violencia de género, de mostrar el dolor y de impulsar a las víctimas a no quedarse arrodilladas porque se podía salir adelante, de hablar hasta quedarse sin saliva y de escuchar hasta vomitar frente a la ausencia intolerable quienes gritaban por la niña perdida en las vías de donde nadie había querido escuchar sus aullidos, después de tanto, éramos, ese 3 de junio del 2015, tantas. Y de tanto a tantas hubo un salto igual a cuando se pasa de la anestesia a la acción.A seis años del primer Ni Una Menos hubo 1717 femicidios según el monitoreo del Observatorio Ahora que Si Nos Ven. La historia no era en vano y desembocó en ese presente que ya parecía una bisagra y que hoy, seis años después, podemos nombrar como una fecha que cambio a la Argentina. Pero no solo a la Argentina, también al mundo. La trayectoría de la lucha por los derechos humanos, el puntal de las Madres de Plaza de Mayo, de las Abuelas y de las Hijas de desaparecidas promovió la conciencia sobre el valor de los derechos humanos y la resistencia como un resorte ya aprendido. La idea de movilización colectiva y no de liderazgo individual o merito personal también es un sello del sur del sur donde la construcción conjunta y la protesta como forma de lazo construyeron una voz potente que no se quedo en Twitter, ni en Facebook, ni en Instagram pero encontró en cada nuevo recurso una forma de multiplicar la potencia aprendida y de encontrar una potencia que ni siquiera se conocía. La punta de lanza en Argentina no es azarosa, mucho menos en América Latina donde la represión a la protesta social -como se puede ver ahora en Colombia donde las mujeres, feminismos y madres son parte fundamental de la primera línea que pide mejor democracia y más igualdad de oportunidades- se multiplicó en Chile con las estudiantes saltando el metro y convertida en himno (con la inspiración de Rita Segato) en la canción de Las Tesis: “El Estado es opresor”.La Fundación Estudio e Investigación de las Mujeres (FEIM) recuerda que el primer Ni Una Menos se convocó en repudio al asesinato de Chiara Páez por parte de su novio. El envión al fenómeno mundial de la liberación de la palabra desde el sur no es solo un punto cardinal. Es un punto político a la hora de nombrarlo. En todo el mundo los feminismos fueron creciendo como un movimiento, mucho más que una agenda de género, mucho más allá de la corrección política (que de política no tiene nada), todo lo contrario a lo que se quiere etiquetar como deber ser, sino como un deseo de ser quienes no nos habían dejado ser. Ya no pedíamos permiso. Ni para decir, ni para ser, ni para marchar. Ni en la Argentina, ni en el mundo. Los acosos, los golpes, las humillaciones, las violaciones no eran exepciones, ni eran errores. Igual que se entendía la sistematicidad de las dictaduras como formas planificadas de disciplinar la rebeldía y las exigencias de distribución de la riqueza, se pudo comprender que la cultura de la violencia y la violación era (como el Plan Condor de desapariciones forzadas en Uruguay,