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COLUMNA: jóvenes estudiantes de ingeniería (y después: Bolivia)

Por:  Miguel A. Montoya Jamed

En los primeros años de la década del setenta, en las cercanías hacia el norte, hacia el oeste y hacia el sur de la Facultad de Ingeniería, había una población de estudiantes de ingeniería, que se movía y que mutaba en su composición, temporariamente, cuando buscaba mejores casas y mejores precios del alquiler.

Esa población estaba conformada, mayoritariamente, por muchachos provenientes de países vecinos. Una comunidad de ella, era de compañeros venidos de Bolivia. Un salteño, un paraguayo y yo, de aquí de la provincia, éramos miembros de esa comunidad. Entre los bolivianos habían de Santa Cruz de la Sierra, de Cochabamba, de Oruro, del Beni, de la Paz, de Tarija y tal vez de otro departamento que no recuerdo.  Cambas, lo de Santa Cruz, Chapecos los tarijeños, Coyas los de los otros departamentos. Convivimos en el vecindario, en la misma casa, en la misma pieza, muchos años.

Nunca viví una situación de discriminación, ni entre ellos, cambas contra coyas o coya contra cambas, ni de ellos a nosotros. La situación de nuestras vidas era de una hermandad hecha en la libertad que vivíamos, en la necesidad que teníamos que satisfacer cotidianamente, desde el plato de comida a una ropa necesaria, de protección, de atención en el Otro. Cada uno para cada uno era un “Otro”. Al paraguayo, que es mi hermano le decíamos y le diremos “Pila”, al año, tal vez, me enteré que era un apodo puesto por los bolivianos, porque en la guerra infame, los paraguayos iban descalzos y eso es “pata pila”. Nunca hubo una discusión ni un enojo. El Pila es el Pila, y para muchos sanjuaninos que lo conocen porque le dicen Pila. A uno de mis hermanos de Santa Cruz de la Sierra, que se quedó a hacer su ingeniería en Tierra del Fuego, y que ahora su familia y mi familia somos familia, es rubio-ahora menos- los del altiplano le decían “choco” o “choquito”, mote que allá en sus departamentos maternos llevan los rubios. A un cochabambino podíamos decirle “coya” y eso era como al salteño decirle “carpa”. A mí me podían decir gaucho, con el poco afecto que les tengo, pero dicho por mis hermanos era un juego. Coyas, Cambas, Chapecos, Pila, Carpa y Yo, la discriminación y la exclusión no cabían en nuestra comunidad porque estaba repleta de cariño, de reconocimiento, de protección y de la voluntad establecida de compartir y cuidarnos. Seriamos de pensamientos políticos diferentes, seguramente, pero nos atravesaba lo que desde hace mucho tiempo tengo como mi utopía extrema: “De cada cual según su capacidad a cada cual según su necesidad”.

No lo decíamos así, ni decíamos que era un concepto en un libro, no lo comentábamos ni lo explicábamos. Así vivíamos.

Todos éramos de una Nación que conformábamos, y que estoy seguro que conformamos.

Mi concepto deNación

Nación: es el “modo de ser”, desde una configuración cultural, que comprende rasgos, conductas, aún comportamientos frente a determinados estímulos. Es el modo de hablar y un modo de considerar objetos y relaciones.

Un conjunto amplio de mujeres y hombres con un mismo “modo de ser”, constituyen una nación. Modo: significa similitud, igualdad de componentes o igualdad de disposición de los componentes.

Ahora si en esta definición, como característica principal apuntamos “el nacimiento en un lugar”, como origen. Nación será un concepto fundado y sostenido solo en esta característica y no en el “modo de ser”, que es variable, transformable, que se incluye en la temporalidad del Sujeto.

Si lo que define a “nación”, es lo dicho como “modo de ser”; será un concepto “Temporal”, permanentemente construible, un movimiento, al que no se le puede fijar símbolos, ni colores, ni canciones oficiales (himnos). Ya que distintos hombres y mujeres pueden convivir con distintos hombres y mujeres, todos nacidos en distintos lugares, un tiempo determinado en el cual se transfieran, rasgos culturales, gestos, conductas, comportamientos, “costumbres”, aún la lengua y se configuren un nuevo “modo de ser”. Eso conformaría otra nación.

De lo contrario: los símbolos, como la bandera, el himno y demás son anteriores al conjunto de hombres y mujeres. Serán como la etiqueta de “un envase”, donde los que cumplan con ciertos requisitos administrativos conformarán la nación de ese color y melodía, aún sin que se produzca el proceso de transferencia. Es un concepto espacial.

Por lo tanto “nación”, como concepto espacial no refiere al Sujeto. Refiere: primero a un lugar geográfico, a su economía, a las bondades de su clima, a los símbolos y todo eso define el carácter de los individuos que lo habitan.

Y “nación”, como concepto temporal se refiere a la identidad del Sujeto, constituyéndose con Otros en el proceso de humanización.

                               Ahora allá en Bolivia

Lo hecho en Bolivia, es un golpe, y lo condeno.

Es un golpe a la nueva Sociabilidad, constituyéndose, aquel “Estado plurinacional”. Una “nueva Sociabilidad”, puesta en una Ley, escrita, dicha, publicada, leída, que la significa, que se hace Sentido. Pero en la calle, en las plazas, en lo público por donde caminan los hombres y mujeres, encuentra una feroz negación, porque en aquellas calles, en aquellas plazas, en aquello público, hay una invasión, un apoderamiento ancestral, por el dogma, por el más dañino de los dogmas.  O sea, que esta nueva y humana Sociabilidad de imposible negación en el dominio de la racionalidad. Que es el territorio por donde caminamos y donde nos desarrollamos los hombres y mujeres.

El dogma religioso, se repliega, se superpone a su similar dogma militar. Y estos sí, que son una “clase”, desde sus conductas que excluyen la razón, por ejemplo, en su obediencia debida, tan escuchada durante la dictadura del 76, y después en sus escusas. Al vestido peculiar y distintivo…….”uniforme”, igual, semejante, “uniforme”  en sus estructuras psíquicas. Dos dogmas que se sostienen en el llamado “sentido común”. Este es de ahí, es propio de estas estructuras.

En el odio racial, en la discriminación, en su lenguaje vacío de sentido, en el odio que les causa su encierro por la minimización de su pensamiento.

“Las formas del pensamiento están expuestas y consignadas en el lenguaje del Hombre”-Hegel.

Escuchemos sus discursos.

Están visibilizando en lo público, donde esta “La Propiedad Social”, esa que no se privatiza, la asociación inherente de los dos dogmas: los ofertantes de “la Vida Eterna” con purgatorio incluido y “los salvadores de “la patria””. Eso es: el pensamiento mágico propio de la niñez y aquella noción enseñada, impuesta como identidad carente de contenido. Ninguno de estos dos discursos y repeticiones verbales vacías contiene al hombre ni a la mujer.

Cuando hablan de patria, de país no hablan del Sujeto, lo niegan, no lo saben, lo desconocen. Y los otros cuando ofertan “la vida eterna”, niegan la Vida, el Deseo, el Cuerpo, la Incertidumbre, la Epiritualidad que es la humanidad de los individuos, el Alma que es el Inconsciente de los Individuos…….niegan el Misterio de la Vida.

El más dañino de los dogmas con sus dos componentes simultáneos se apoderaron de lo público en Bolivia.

Perturban, obstruyen, atacan, por miedo y por ignorancia el “haciéndose-Sujeto” de los Sujetos.

La exposición de esos dogmas es demencial. Es “el blanco” negando “al indio”.

Es una exhibición, absurda, grotesca, obscena de su llamado “sentido común”

El llamado “Sentido Común”

“El sentido común recurre al sentimiento, su oráculo interior, rompe todo contacto con el que no es de su parecer, y así se ve obligado a explicar que no tiene más que decir a aquel que no encuentra y no siente en sí mismo su misma verdad. Entonces pisotea la raíz de la humanidad porque la naturaleza humana es tender al acuerdo mutuo; su existencia está solo en la comunidad establecida de las conciencias. Lo que es antihumano, lo que es solamente animal, es encerrarse en el sentimiento y no poder comunicarse si no es por el sentimiento”

-Jean Hyppolite

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